la racionalidad científica

la racionalidad científica

Introducción

El tema elegido para este trabajo es el de la racionalidad científica en el marco del pensamiento de Thomas S. Kuhn. El motivo de la elección es, fundamentalmente, mi interés personal por el asunto de la racionalidad humana en general, aunque pienso que es bien claro que, además, se trata de una cuestión central tanto en la filosofía de la ciencia en general, como concretamente en el pensamiento de Kuhn.

Mi punto de partida es la consideración de que el análisis de la racionalidad científica no puede realizarse si no es situándolo en el ámbito de la racionalidad humana en general. Por ello, la propuesta de Kuhn de ampliar el estudio del desarrollo de la ciencia más allá de lo meramente formal y objetivo, alcanzando los aspectos subjetivos, sean individuales o sociales, me parece no sólo procedente, sino incluso obligado.

Cuando se analiza el comportamiento, a lo largo de la historia, de las diferentes comunidades científicas, salen a la luz una serie de cuestiones que afectan a la base misma del quehacer científico: los problemas referentes al método, a la construcción de las teorías, al progreso de la ciencia, a los objetivos que tiene o debe tener, a la posibilidad de alcanzarlos, etc., cuestiones todas que son vistas desde múltiples perspectivas, a menudo enfrentadas.

Los modelos denominados clásicamente “racionales”, consideran que la ciencia tiene una finalidad concreta, producir teorías, y que estas teorías significan, en general, un acercamiento cada vez mayor a la realidad existente. Consideran también que existe un conjunto de principios que permiten comparar teorías rivales sobre un marco determinado, es decir, una serie de criterios objetivos para la evaluación de las teorías. Los parámetros que permiten esa comparación serían solamente aquellos que son internos a la ciencia. Otro aspecto añadido es la consideración de la filosofía de la ciencia como algo normativo: debería indicar qué deben hacer los científicos para considerarse tales. Esto implica también que debe existir un método científico que guíe las investigaciones.

Los modelos denominados “no-racionales” consideran, por su parte, que los factores externos forman parte de la ciencia tanto como los internos. Sus defensores piensan que las diferentes teorías no son comparables, que son inconmensurables. Los conceptos de unas y otras teorías tendrían unos significados tan diferentes que hacen inútil su comparación. Kuhn llega a decir que es como si los defensores de teorías diferentes viviesen en mundos distintos. Otros, como Feyerabend, recalcan que incluso los mismos hechos son dependientes de las teorías. Respecto al método científico, tanto Kuhn como Feyerabend rechazan la existencia de un único método científico. El primero, por considerar que los métodos son dependientes de los paradigmas respectivos; el segundo, porque considera que la única manera de progresar en la ciencia es precisamente alejándose de los métodos y proponiendo teorías inconsistentes con los conocimientos actuales.

A la vista de esta dicotomía, debemos preguntarnos si la noción de racionalidad que subyace a la misma, resulta adecuada para el análisis del desarrollo de la ciencia. La idea tradicional de lo que es la ciencia apunta hacia una noción de racionalidad basada en la lógica y la argumentación estrictamente formal, pero parece una noción claramente limitada y que debe ser ampliada adecuadamente para acoger en su ámbito la mayor parte de los elementos involucrados en el desarrollo científico sin que pueda afirmarse que no es racional.

En ese sentido, pienso que Kuhn aporta una visión alternativa sobre lo que es o no racional en el quehacer científico, al postular que la elección entre paradigmas no se basa únicamente en la lógica y en la experimentación, sino que la argumentación y la persuasión también deben ser consideradas como parte del proceso. Considero que las propuestas de Kuhn pueden calificarse como racionales, pero con un concepto de racionalidad ampliado, que incluye aspectos referentes a procesos de pensamiento no formalizables, como son las intuiciones, las creencias, las emociones o las experiencias personales.

Vamos ahora a ir analizando cómo se enlazan estas cuestiones con distintos aspectos de los procesos de pensamiento de los seres humanos.

Racionalidad y Cambio Conceptual.

En primer lugar, vamos a tratar el problema del cambio conceptual, cuestión que considero básica en el problema de la racionalidad científica.

Toulmin, en su obra La comprensión humana, enfrenta dos concepciones sobre la racionalidad humana: la absolutista, que encarna en Frege, y la relativista, que encarna en Colingwood. La primera concepción considera que existen unos principios fijos y universales de racionalidad; la segunda, considera que  la noción de racionalidad no tiene más que una aplicación local y temporal. Para Frege, la verdad es una y existe un núcleo interno de racionalidad por el que todos los seres humanos están unidos. Por ello, los patrones de juicio racional deben ser igualmente aplicables en todos los contextos históricos y culturales. Para Colingwood, no existe un punto de vista imparcial para el juicio racional. Sin embargo, como indica Toulmin, “ambos coinciden en suponer que nuestros conceptos y proposiciones están vinculados de modos lógicamente sistemáticos”[1], e igualan lo racional a lo lógico. El problema radica precisamente en esa identificación de racionalidad con logicidad.

Toulmin considera que es necesario abandonar estos análisis estáticos para intentar comprender la dinámica histórica del cambio conceptual y así discernir la naturaleza de la racionalidad[2]. Su reflexión se centra en la posibilidad de encontrar alternativas a la racionalidad formal, y propone que, a través del análisis del cambio conceptual, es decir, observando, dentro de las empresas racionales, cómo se introducen nuevos conceptos, cómo se desarrollan históricamente y cómo prueban su valor, podemos acariciar la esperanza de identificar la “racionalidad”.

Respecto a las tesis de Kuhn, Toulmin las considera “relativistas”, en la misma línea que Collingwood. La inconmensurabilidad de los paradigmas implicaría que las revoluciones científicas no pueden juzgarse racionalmente. Para Toulmin, dos paradigmas rivales no equivalen a visiones alternativas del mundo, y las revoluciones científicas se producen a través de discusiones sobre argumentos teóricos, y no ignorándolos. En mi opinión, Toulmin se encuentra entre los que no captan adecuadamente las propuestas de Kuhn. Las diferentes visiones del mundo existentes entre científicos que defienden paradigmas diferentes no implican falta de argumentación, sino dificultades de comprensión, que no resultan fácilmente superables. No es que no puedan discutirse y juzgarse racionalmente las bondades de las diferentes teorías, sino que debe considerarse la existencia de problemas de interpretación entre conceptos pertenecientes a teorías diferentes, así como el hecho de que existen múltiples factores que forman parte esas visiones del mundo.

Sí que resulta más interesante la sugerencia de Toulmin en el sentido de que, más que una explicación revolucionaria del cambio intelectual, “es necesaria una explicación evolutiva que muestre cómo se transforman progresivamente las “poblaciones conceptuales””[3]. Toulmin aboga por considerar el proceso histórico del cambio conceptual en términos de un modelo de población, en el que, en el proceso de variación conceptual hallamos factores intrínsecos (intelectuales) y extrínsecos (sociales) que influyen en su desarrollo.

En su examen de las argumentaciones científicas, indica que debe sustituirse el análisis en términos de argumentos formales por el análisis histórico. Todos nuestros juicios son resultado de una experiencia acumulada, tanto a nivel personal como colectivo, y no pueden generalizarse de forma única y permanente. Estas sugerencias no parecen nada alejadas de las tesis de Kuhn, y, de hecho, Toulmin reconoce la intención de Kuhn de extender la noción de racionalidad más allá del ámbito de la lógica formal. Lo que le critica es su consideración del cambio conceptual como una anomalía a explicar, aspecto que el propio Toulmin intenta superar. Sin embargo, sobre esto, yo diría que, más que una anomalía, Kuhn lo considera un hecho a explicar, pero un hecho que incluye un aspecto esencial para entender el desarrollo de la ciencia: las propias concepciones condicionan la comprensión de las novedades en la ciencia, es decir, nuestros conceptos actuales son condición de nuestras interpretaciones de esas novedades.

Toulmin se pregunta finalmente cómo reconciliar la necesidad de un punto de vista imparcial del juicio racional con los hechos de la diversidad conceptual y la variedad de normas racionales. Su respuesta hace referencia a un “enfoque ecológico”: las cuestiones de juicio racional colectivo deben ser consideradas en términos ecológicos, y no en términos formales. Este enfoque permitiría, a su juicio, la comparación racional prescindiendo de criterios de demarcación externos y de normas a priori. El enfoque toma en cuenta la experiencia anterior acumulada por los seres humanos en todas las sociedades y períodos históricos, para alcanzar un punto de vista imparcial y en continua revisión. Toulmin no desarrolla mucho la idea, pero me parece que no sería del desagrado de Kuhn, ya que llama la atención sobre la necesidad de incorporar los factores externos a la ciencia, incluyendo los históricos y sociales. También esta idea puede enlazar con otra que veremos posteriormente: la noción de racionalidad acotada.

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