REALIDAD Y FICCIÓN                                                                          LECTURA, COMENTARIO, CREACIÓN Escríbenos

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BENEFICIOS DEL ZEN PARA UN OCCIDENTAL

    Marco Antonio de la Rosa Ruiz Esparza

 

T E M A R I O :

 

INTRODUCCIÓN.-

  

I.  ZEN  Y  PSICOSOMÁTICA

 

 A.  El camino oriental espiritual es a través del cuerpo.

 

1.-  Asia Oriental.-

 

a)       Aprender con el cuerpo.

 

-  “Gyo y Shugyo”.-

-          “Gyo” .- Tradición oriental.- (En cuanto al cuerpo camino diferente de Occidente y Oriente).

-          Fenomenología del cuerpo.

-          Posición correcta – Acompasar la respiración – Preparar el corazón.

-          Entrenamiento del cuerpo.

-          Entrenamiento de la respiración.

-          Entrenamiento de la mente.

-          “Shugyo”.- Entrenamiento y Ascesis.

-          Purificación completa –Metanoia religiosa (no hacer el mal)- .

-          Metanoia.

-          Purificación del cuerpo.

+ El cuerpo “no es instrumento del espíritu”.

+ “Deficiencias del entrenamiento espiritual occidental.

+ La raíz profunda de las malas tendencias.

+ Hacia un cuerpo que es todo ojos.

-          Nuestro cuerpo es morada del Espíritu Santo.

 

b)      Explicación del “ki”, “tanden”.

c)       Postura correcta, “hara”, “seiza”.

 

II.                  EFECTOS  DE  LA  MEDITACIÓN

 

.IV   EFICACIA  DE  LA  CONTEMPLACIÓN

 

A.  ¿Qué aporta este camino de contemplación a la fe cristiana?

B.  El hombre purificado.

C.  El hombre iluminado.

D.  La iluminación un hecho cristiano.

E.  Sentido de la iluminación.

F.  Características de la iluminación.

1.-  En la inteligencia.

2.-  En la voluntad.

3.-   En la percepción.

G.  Valoración de la iluminación.

H.  La iluminación, espacio de libertad.

I.  El hombre inflamado.

 

 

V  POR QUÉ LA MÍSTICA CONTRIBUYE AL BIENESTAR DE LAS PERSONAS

 

A.  ¿Cura la Mística?

B.  La Meditación cura el inconsciente, física y psicológicamente.

C.  Toda persona está en condiciones de realizar “curaciones milagrosas”.

D.  Poderes de los sanadores.

E.  ¿Podrá curarse enfermos mediante oraciones?

 

VI.-  CONCLUSIONES

 

VII.-  NOTAS

 

VIII.-  BIBLIOGRAFÍA

 

 

 

 

 

                         INTRODUCCIÓN

 

 

    Hace algunos años se extendieron por toda la cristiandad métodos “orientales” de oración que rápidamente atrajeron a fieles orantes de todo tipo, formaron grupos, animaron talleres, llegaron a monasterios y conventos y renovaron en muchos su práctica tradicional de oración. Se trataba del Zen y del yoga en sus múltiples manifestaciones, de ejercicios budistas o prácticas hinduístas, e incluso de métodos de psicología Gestalt o técnicas conductistas de “contacto” que se manifestaban, se adaptaban, se santificaban... y llegaron a ocupar el lugar de la tradicional hora de oración por la mañana o de la oración comunitaria en grupos comprometidos.

  Fundamentalmente, se trataba de tomar una práctica oriental y darle un contenido cristiano. Por ejemplo, se enseñaba la concentración en la respiración y se le añadía un toque religioso: al inspirar, imagina que inspiras a Dios; y al espirar, piensa que espiras tus pecados. Y así con todo tipo de ejercicio de sentidos. Lo mismo sucedía con ejercicios de fantasía mahayánica (budista) o guestáltica (psicológica) que, en vez de enfocarse a un tema terapéutico o social, se modelaban sobre una escena de la Biblia o una meditación religiosa. Cuando un psiquiatra diría: “Piensa en una escena feliz de tu vida familiar”, el sacerdote católico indicaba: “Piensa en un momento feliz de tu vida religiosa”, y aplicaba métodos de laboratorio a situaciones de convento. Todo eso es legítimo y ha producido frutos de renovación y paz.

  Yo creo que la rápida popularidad de estos métodos se debió al momento en que llegaron a esas tierras. Era la renovación universal del posconcilio, muchos cristianos sinceros tenían sed de oración, y la repetición de los sistemas tradicionales de siempre podía engendrar algo de rutina, formalismo y desinterés en los ejercicios personales y de grupo. Llegaron entonces los métodos nuevos, con auras del Oriente y bendiciones de ecumenismo, y encontraron entusiasta acogida entre quienes querían orar y veían en dichos métodos una manera nueva, atractiva y eficaz de continuar con gusto lo que hacían por obligación. No cabe duda de que estos métodos de oración orientales ayudaron grandemente a renovar la vida de oración en Occidente. Sólo había un peligro, que no todos vieron al principio: se entusiasmaron con estos métodos de oración que ya habían encontrado en ellos la solución definitiva a todos los problemas de oración. Aquí estaba la felicidad en el rezar, la novedad en la devoción, la garantía de perseverancia... El entusiasmo era comprensible, y ayudó en un principio. Pero la premisa era falsa. No se trataba del método definitivo, sino de un método más entre otros muchos. Si los métodos tradicionales habían llegado a producir desgaste y cansacio, también los nuevos métodos lo producirían, y de hecho bien pronto lo hicieron.

  Yo creo, como dice el P. Carlos G. Vallés, S.J., que siento parcialidad por todo lo oriental, sentí sin embargo en mí cierta renuencia ante todo ese movimiento de combinar técnicas orientales con prácticas cristianas. Me costó años el analizar esa resistencia y averiguar su causa. Al fin la encontré: no me gustan las mezclas. En ideas y en prácticas y en creencias y en conducta, me gusta la línea recta, la postura clara, los límites definidos y el espacio limpio. No digo que viva sólo en un espacio; al contrario, me gusta encontrarme en muchos..., pero uno cada vez, no con un pie en uno y otro en otro; del todo en uno cuando estoy en uno, y del todo en otro cuando estoy en uno, y del todo en otro cuando estoy en otro. No mezclarlos, no solaparlos, no confudirlos. Para mí, el Zen es Zen, y el Evangelio es Evangelio. Me parece magnífico tener una experiencia Zen, leer su literatura, vivir su espíritu... Pero hacerlo con plenitud, sencillez y limpieza, no tratando de ver citas del Evangelio en escrituras Zen, ni comparando koans con salmos, o el satori con la “séptima morada” de santa Teresa, como se ha hecho. Está bien que se haga, y supongo que algún fruto se sacará de ello; pero quiero decir que no es mi camino. Prefiero cada sistema en su propio ambiente, y no siento la necesidad de “bautizar” ideas o prácticas “paganas” antes de asumirlas yo en mi vida cristiana. Prefiero tomarlas tal y como son y no velar su eficacia original con mis prejuicios personales.

  Si digo algo merece la pena hacerse tal como es, sin cambiar de antemano su colores con nuestra propia paleta. Si algo es nuevo, su valor está precisamente en su novedad y en permitir que ésta se nos aparezca con toda su sorpresa, en vez de domarla, de entrada con nuestros prejucios. Ésta es mi actitud, humilde en su tolerancia, pero firme en su claridad.

  El verdadero ecumenismo, en mi opinión, no está en mezclarlo todo y tratar de hacer que todos decimos lo mismo (que, de hecho no lo decimos), sino en dejar que cada uno diga lo suyo con delicadeza propia y sensibilidad hacia los demás, y vivir con él su experiencia sin timideces, en cuanto yo sepa, pueda y quiera entrar en ella, como lo hará él en la mía. El encuentro de las diferentes maneras de entender a Dios y la vida y la muerte no se hará sobre el papel, sino en la experiencia vivida y compartida de quienes atesoran su propia vivencia y quieren entrar en la de otros conservando su propia personalidad y abriéndose a la nueva vista. La comparaciones fáciles indican buena voluntad, pero suelen ser superficiales, incompletas y engañosas.

  El doctor D.T. Suzuki, que contribuyó más que nadie al conocimiento del budismo en Occidente en el siglo pasado, critica esos paralelos demasiado ligeros e irresponsables. Ésta es una cita de su Introducción al budismo Zen (pág.42):

    “Un crítico (Arthur Lloyd, en Wheat Among the Tares, pág. 53) considera el Zen como “el paralelo budista de los Ejercicios Espirituales de san Ignacio de Loyola”. Este crítico muestra una gran inclinación a encontrar analogías cristianas con elementos budistas, y éste es uno de los ejemplos. Quienes tengan al menos la idea de lo que es el Zen, con tal de que sea idea clara, verán enseguida cuán disparatada es la comparación. Aun a nivel superficial, no hay ni una sombra de semejanza entre los ejercicios del Zen y los que propuso el fundador de la Compañía de Jesús”.

 

  Estoy de acuerdo, y la misma crítica se aplica a gran parte de la abundante literatura escrita por autores cristianos sobre el budismo Zen y otras religiones orientales. Hay un gran interés por encontrar paralelos; y como el público cristiano a quien van dirigidos esos libros no suele tener un conocimiento directo e independiente de esas religiones, se abusa de su buena voluntad y se le presentan como semejanzas evidentes lo que tienen muy poco de tales. Considero positivo el interés cristiano en saber cómo rezan otros pueblos y asimilar lo que en sus experiencias nos ayude a nosotros; y considero negativo el exceso de celo en intentar reducir otros métodos a los nuestros, como si no pudiéramos servirnos de la sabiduría de otras gentes sin antes expresarla forzadamente en nuestra terminología. Demos a cada cosa su valor y su nombre, y alegrémonos de que haya métodos que aún no conocemos y senderos que aún no hemos explorado, y que con su expectativa pueden mantener viva nuestra búsqueda de todo lo bueno y lo útil que en nuestra breve vida podamos encontrar para provecho propio y ajeno en experiencia compartida. (1).

 

 

  

 

I.                    ZEN  Y  PSICOSOMÁTICA

 

 

  A.-  El camino oriental espiritual es a través del cuerpo.-

 

   - “El Zen más que filosofía es un fenómeno psicosomático” Enomiya-Lassalle- (2).

 

1.-  Asia Oriental.-

 

       Así como en Occidente se construyó una tradición ascética a través de muchos siglos, también en Oriente, en un proceso similar, vio la luz lentamente una tradición ascética que se manifestará en toda la cultura de China y Japón. Esta práctica conocida con el nombre de gyo, es el eje central de la ceremonia del té, de la caligrafía, el judo, la esgrima, el tiro al arco, y otras prácticas que reciben el nombre de “vías”. Su vertiente religiosa shugyo, apareció en el Zen y en otras formas de meditación religiosa en las que el maestro busca guiar al discípulo a la sabiduría en el vacío que conforma la base de la cultura del este asiático. (3).

 

a)        Aprender con el cuerpo.-

 

El camino oriental espiritual es a través del cuerpo.

 

         Si tu ojo derecho es para ti ocasión de pecado sácatelo, tíralo (Mt. 5,20).

 

Gyo – tradición oriental.-

 

           He aprendido muchas cosas del Zen -nos dice el P. Kadowaki, S.J.-, pero una de las más maravillosas es la importancia que tiene el cuerpo  en la vida religiosa. Hasta ahora en el cristianismo, ni en la oración, ni en el arrepentimiento ni en la lectura de la Biblia, se ha dado mucho valor al cuerpo. El Zen es lo opuesto a esto, como dice el maestro Zen Dogen en sus Discursos sobre la práctica budista, el cuerpo “es la entrada principal a la verdadera práctica del Zen” y viene a ser la base en el aprendizaje Zen. Es decir, se sienta uno, primeramente tomando una posición correcta, acompasando la respiración y preparando el corazón: así se tiene un camino que va “del cuerpo al corazón”. Podemos decir que cuerpo es la manera como el  gyo se realiza en todo el cuerpo.

  El cristianismo que se desarrolló en Occidente tomó una dirección opuesta a ésta. Primero se piensa con la razón, se forma un juicio, se mueve la voluntad y después para realizarlo, se utiliza el cuerpo. Este es el procedimiento occidental. Podemos decir que un camino que va “de la razón al cuerpo”. Caracterizar de esta manera al Zen y al cristianismo occidental es una simplificación excesiva, pero quizá puede afirmarse a grandes rasgos. Como diremos después, el pensamiento central del cristianismo está profundamente ligado al cuerpo, y es un hecho que éste ha sido apreciado en diferentes aspectos. Sin embargo, podemos decir que mientras el cristianismo se desarrolló en Occidente, no reflexionó sobre el cuerpo y no descubrió que “del cuerpo al corazón” es un excelente camino hacia una profunda experiencia religiosa. El cristianismo, bajo una fuerte influencia del pensamiento griego, se inclinó por el racionalismo y ha progresado por el camino “de la razón al cuerpo”. Podemos decir que allí no existió el pensar del gyo.

 

 El Oriente, por el contrario, se llegó al maravilloso descubrimiento del gyo como método de entrenamiento espiritual. Empezando por el yoga en la India, la posición sentada de meditación en el budismo primitivo, la contemplación en la secta Tendai, los tres secretos en las escuelas esotéricas, la recitación del nombre de Buda Amida de las sectas de la Tierra Pura y en la verdadera secta de la Tierra Pura, el “gran tema” de Nichiren, la purificación en el Shintoísmo, la ascención a la montaña en el Shugendo y otras prácticas, son todas gyo. (5).

 

  Por otra parte, el Zen –que tiene como fuente la tradición yoga, que se remonta a cuatro o cinco mil años, en su paso de la India a China y luego a Japón-  fue creando un método muy refinado de aprendizaje corporal y espiritual. En cierto sentido, creo que puede decirse que es la quintaesencia de la cultura oriental. Cuanto más ardientemente practico el zazen, tanto más profundo se hace este sentimiento.

 

  ¿Por qué hay esta maravillosa fuerza escondida en el camino del Zen? El Zazen es de lo más simple. Sentarse con el cuerpo en posición correcta, acompasar la respiración y preparar el corazón, y eso es todo. Y, sin embargo, ¿cómo puede cambiar tanto a la gente? Es realmente incomprensible. El rostro original del hombre está dotado de fuerza prodigiosa. Y, sin embargo, el hombre sigue sin conocer el método para desarrollar esta fuerza prodigiosa de que está originalmente dotado. Creo que ciertamente el camino del Zen es el método más excelente para hacer florecer esa fuerza. Su secreto reside en penetrar al cuerpo y extraer la fuerza total del mismo. Para explicar, aunque sea sólo en parte, este secreto, quiero tratar un poco acerca de la fenomenología del cuerpo.

 

- Fenomenología del cuerpo.-

 

  La fenomenología moderna, al igual que el Zen, parten de una visión unitaria del cuerpo y corazón. Para la fenomenología, el concepto de cuerpo indica todo el hombre, su unidad de cuerpo y mente.

  El hombre no es algo que tenga un cuerpo. El hombre, en el sentido de “cuerpo vivificado por el alma”, es el cuerpo mismo. Por eso es correcto decir que el hombre es “cuerpo”. El término bíblico soma, ¿no nos apunta al hombre entero? Cuando vemos un hermoso paisaje fuera de la ventana, lo que ve el paisaje no es el ojo, ni el alma, es nuestro cuerpo. Si entonces decimos “estoy viendo un paisaje”, el “estoy” se refiere a un yo que es centro de la conciencia y que inconscientemente se interpreta como alma. Esta es una mala interpretación que nos cambia la realidad. Lo que ve el paisaje ni es sólo mi cuerpo, ni sólo mis ojos, no sólo mi alma, sino que soy todo yo como unidad de cuerpo y alma. Como al ver el paisaje mis ojos juegan un papel principal, es quizá más correcto decir que lo que ve es mi carne. Y esto no se reduce sólo a la acción de ver, sino que lo mismo puede decirse de todos los actos de mi vida diaria. Lo que oye, habla, camina, come, duerme, escribe, lee, no es mi espíritu sino mi carne.

 

-  Posición correcta – Acompasar la respiración – Preparar el corazón.-

 

  Si pensamos de esta manera, ¿no nos será posible entender, al menos en parte, un gyo que entrena el corazón mediante todo el cuerpo? Veamos, por ejemplo, la posición del cuerpo recto sentado en meditación. Allí la posición del cuerpo no es simplemente corregir la figura corporal, sino que es la rectitud de todo el cuerpo, de todo el hombre. Quien teniendo el cuerpo recto no es recto de corazón, es un bicho raro. Si uno se sienta con el cuerpo erguido, también el corazón se yergue. Y por el contrario, cuando uno se sienta mal, tampoco el corazón se rectifica.

  Podemos decir lo mismo de la respiración. Acompasar la respiración es acompasar el corazón. Cuando se respira lenta y profundamente con el tanden (parte inferior del bajo vientre. Se dice que por concentración allí se logra acumular grandes cantidades de energía y de valor), el corazón despreocupadamente se tranquiliza. Al mismo tiempo, cuando se armonizan corazón y Ley en el Zen, el corazón se concentra y se unifica. Hay muchas maneras de acompasar el corazón; de entre ellas, mencionemos algo acerca del koan del MU (nada). Es un método muy fácil en el que junto con la exhalación se recita el MU con el corazón. Lo importante, sin embargo, es poner todo el corazón en ello. El maestro, el roshi Omori Sogen, enseña así: “Utilizando todas tus energías, haz de tal modo que con el MU perfores el ano, perfores el cojín en que estás sentado y perfores el otro lado del universo”. Como puede comprenderse, se pone en juego la energía total de todo el cuerpo y todo el corazón. Se ponen en juego la postura, la respiración, las diversas actividades del corazón, y todo el funcionamiento de la gran fe radical que penetra hasta las capas más profundas del corazón, se pone en juego, finalmente, el corazón valiente y anhelante. Aquí ponemos énfasis, de paso, en que la fe juega un papel muy importante. Gran fe radical que quiere decir que somos vivificados por la vida de Buda. En nuestro caso, como cristianos, no simplemente somos vivificados en la vida de Dios sino que nuestra fe está en que la Trinidad mora en nosotros. Cuando un cristiano practica zazen, debe llegar al fondo de esta fe. Cuanto más fuerte es ésta, tanto más se unifica el corazón y tanto más fácilmente se libra uno del apego a sí mismo. De esta manera se ponen en juego la postura, la respiración y demás funciones del corazón y todas las fuerzas del inconsciente. Todas las facultades del cuerpo y alma se funden en un simple MU y allí se concentran. Es natural entonces que de allí resulte una fuerza prodigiosa. De esta manera, cuando cuerpo, aliento y corazón se armonizan en uno solo, viene a mostrarse el rostro original del hombre y uno despierta al mismo.

  Creo que con lo anterior se comprenderá que el zazen es un método eminente que desarrolla la fuerza prodigiosa con que el hombre está dotado originalmente.(8)

  

- Esta práctica ascética del gyo puede resumirse en la fórmula triple:

       

      Entrenamiento del cuerpo

      Entrenamiento de la respiración

      Entrenamiento de la mente

 

  Detengámonos en estos tres puntos. (Cfr. Call to Meditation, Kadowaki K., manuscrito no publicado).

 

    La actitud con respecto al cuerpo humano en Asia oriental está muy influida por la medicina china, que habla de meridianos  o canales a través de los que fluye la energía y da vida a toda la persona. A esta energía se le llama chi en chino y ki en japonés. El origen de esta energía se encuentra en el abdomen (en japonés hara) que recibe el nombre de kikai (en japonés) o “mar de energía”. Tiene especial importancia el tanden, un punto localizado a pocos centrímetros por debajo del ombligo y que es la fuente de creatividad y el lugar principal de experiencia religiosa. Se alienta a la persona para que sea consciente de su existencia no sólo a la hora de meditar, sino en todas las circunstancias de la vida. En las artes marciales la conciencia del tanden es vital.

  Un maestro de Zen algo conocido, el maestro Okada Torajiro, escribe con gran vigor que el tanden es el santuario de lo divino: es aquí donde habita la energía sagrada. Okada divide a las personas en tres clases. El primer tipo valora la cabeza: acumula vastas cantidades de conocimientos, desarrolla mucho el cerebro y acaba por perder el equilibrio y quedarse como una pirámide invertida. La segunda clase está formada por personas que sacan pecho; tales personas parecen fuertes y llenas de coraje, pero en el interior son débiles. Y dice:

 

   Pero las personas de mayor rango son aquellas que consideran el abdomen como la parte más importante, y de esta forma han construido el bastión donde puede prosperar lo divino. Desarrollan sus mentes y sus cuerpos de manera correcta. La fuerza fluye por ellos y produce una condición espiritual de tranquilidad y ecuanimidad. Hacen lo que les parece bien sin violar ninguna ley. (9).

 

El maestro continúa diciendo que las penas de la humanidad están causadas por una pérdida de equilibrio, y el camino al equilibrio –a un cuerpo sano y a un corazón recto- es sentarse correctamente.

  La postura correcta, en la que somos conscientes del tanden y en la que seguimos centrados en el tanden es, por tanto, de importancia capital. Esta podría ser la postura de loto o la seiza japonesa (confucionista en origen) en la que nos sentamos sobre los talones o en una silla con la espalda erguida y los ojos ligeramente abiertos. Y entonces, tanto si la persona está de pie, como sentada, como andando o durmiendo, permanece centrada en el hara, y tiene así mayor estabilidad y fuerza interior. El cambio importante se produce en nuestro interior, como dice el maestro Okada cuando explica: “Incluso si el cuerpo sufre un cambio con la seiza, el estado interior más profundo no cambia tan fácilmente”. (10).

  Es interesante recordar que el maestro de Zen Dogen, fundador de la secta japonesa Soto, opinaba que el sentarse de forma correcta o zazen ya es una forma de iluminación.

 

- Entrenamiento de la respiración.-

 

  En este punto la clave vuelve a ser la respiración abdominal. La persona respira desde el tanden, lenta y rítmicamente. Y al igual que sólo la manera de sentarse ya es en sí una experiencia religiosa, de ella fluye energía por todo el cuerpo.

  Deberíamos advertir que aquí no sólo estamos hablando de la respiración y la energía de nuestros cuerpos insignificantes, sino de la respiración y la energía del cosmos. Los maestros Zen, con su brusquedad característica, dicen que la energía debe fluir hacia abajo a través del ano hasta el mismo centro de la tierra, y después volver a elevarse a través de la cabeza a las regiones más distantes del universo.

  La respiración tanden equilibra por tanto a la persona y le hace ser uno con la armonía de todo el universo. El maestro Okada nos vuelve a dar consejos prácticos y sencillos: “Siéntate callado y quieto, respira suavemente exhalando largas bocanadas de aire, con la fuerza en la parte inferior del abdómen” (11). Cuando la respiración tanden se convierte algo habitual, la persona gana una maravillosa estabilidad física y espiritual.

  La respiración de zazen protege el cuerpo y la conciencia. Se trata de concentrarse en una espiración profunda, dulce y silenciosa; la inspiración le sucede naturalmente, rápida y enérgica. Es difícil concentrarse en las dos, espiración e inspiración, así que sólo concentramos nuestra atención en el soplo que se escapa, en la espiración.

  Cuando una persona se queda fija a una emoción, el difragma se bloquea, el soplo es corto, breve, y su energía se concentra en la parte alta del torso. Cuando estamos dominados por la ira, jadeamos, nos ponemos rojos por la falta de aire. Cualquiera ha podido observar estos estados en su vida cotidiana y ha sufrido por no poder dominarlos. Librarse del sufrimiento del espíritu es el problema de todos los seres humanos.

  La espiración profunda actúa como un purificador, un limpiador de conciencia. Durante la inspiración, hay absorción de oxígeno, que se transmite a la sangre y se distribuye por las arterias; durante la espiración, hay expulsión del gas carbónico de los pulmones. De este modo, la espiración profunda permite que se limpie la sangre, que se vuelva pura y, con ello, que la actividad aumente; el equilibrio, la pureza se instalan por sí mismos en nuestro cuerpo y en nuestro espíritu. El espíritu sigue la acción correcta del cuerpo , una influencia invisible ocupa su lugar y automáticamente el espíritu se simplifica.

  Mientras practicamos zazen, la espiración es el lazo natural entre el cuerpo y el espíritu, es uno de los soportes de la concentración. Esta respiración puede mantenerse en nuestra vida diaria, pero no necesariamente de manera voluntaria. Automáticamente influye en nuestro espíritu cotidiano: tenemos menos tensiones, menos apegos, más distancia con los pensamientos que nos atormentan, en definitiva, conseguimos más libertad.

  Concentrándose siempre en la espiración, poco a poco la zona situada debajo del imbligo se expande, es la región del kikai tanden –el océano de la energía- para los japoneses, y para nosotros, occidentales, el vientre, algo un poco oscuro, escondido y que puede ser causa de numerosas disfunciones físicas. Esta región de nuestro cuerpo va a cobrar vida, vitalidad, así como lo hará la región lumbar; vamos a respirar con el vientre, y el vientre va a convertirse en el nuevo centro de gravedad durante el zazen y a lo largo de nuestra vida cotidiana, ya sea de pie, sentados o acostados.

  Mientras que al espirar el diafragma sube, los órganos bajan y se crea una expansión debajo del ombligo; al inspirar, los órganos suben y el aire rellena los pulmones. Sin esfuerzo, una espiración profunda nos aporta calma y difunde su influencia por nuestro entorno. (12)

 

- El entrenamiento de la mente.-

 

  La mente humana es salvaje e inquieta y vaga de aquí allá, atisbando el futuro lleno de ansia, o mirando nostálgicamente hacia el pasado. El mayor de los logros es conseguir que la mente descanse en un solo punto, lo que en japonés se llama seishin toitsu, y que es un estado al que se llega a través de la respiración y al estar sentado. Aunque la mente está ahora en el momento presente, no descansa en un parte del cuerpo, sino que fluye por todo él en un estado que se conoce con el nombre de no-mente (en japonés mushin) o no-yo (en japonés muga).

  Las distracciones se suceden pero uno no lucha contra ellas, sino que les deja venir y luega las deja ir. “Dejar ir; dejar fluir” es lo que siempre nos dice. El maestro Okada nos da un consejo sencillo y claro: “No intentes liberarte de todos los pensamientos. Simplemente se consciente y mantén la fuerza en el vientre”. (13). De esta manera los pensamientos fluyen fuera y dentro, mientras que la persona permanece centrada en un nivel más profundo. (14).

   A efectos de explicarlo más claramente hemos dividido este proceso en tres partes, pero de hecho es una única acción holística.

 

- Shugyo.- Entrenamiento o ascesis.-

 

 En la ascesis cristiana se habla de “ejercicios espirituales”, contraponiéndolos a los corporales. En la ascética budista los ejercicios espirituales son inseparables de los corporales. No encontraremos en esa tradición muchas elucubraciones teóricas sobre la relación cuerpo y mente pero sí abundantes prácticas para cultivar la unidad del cuerpo y mente, ascesis para recuperar su integración y unidad perdidas.

  Al decir aquí “ascesis”, estoy traduciendo la palabra japonesa shugyo. Se compone de dos caracteres que significan cultivo y práctica. Son prácticas para cultivarse a sí mismo, en cuerpo y mente. Son enteramente corpóreo-espirituales. Para estar en la verdad con el cuerpo, más que captarla con la sola mente, se entrena uno con toda la persona. Y la meta de estos entrenamientos es, precisamente, salir de sí para “poner el cuerpo en la verdad”; liberarse de la polarización en nuestro yo superficial, para encontrarnos asentados en el yo más profundo, que conecta con la unidad del universo entero.

  La palabra entrenamiento, aquí usada, podría sugerir la comparación con el deporte. Pero esta ascesis oriental queda lejos de los aspectos meramente lúdicos y, por supuesto, de los competitivos, del deporte como espectáculo. El que corre en el estadio olímpico se entrena antes para batir un record. En el arte oriental del tiro al arco no se apunta al blanco con la finalidad de dar en la diana. La meta es la integración corpóreo-espiritual del tirador. Como consecuencia, se atina en la diana, pero justamente cuando el que dispara se ha liberado por completo del ansia de acertar. Por eso se puede decir que “ello ha disparado”. Algo semejante ocurre en la contemplación. No se va a la meditación para obtener la iluminación.Viene como resultado y como don.

  El camino de las artes marciales en Japón ilustra esta concepción del camino corpóreo y espiritual. Ken es la espada y Ken-jutsu la habilidad o técnica de manejarla. Pero el arte de la esgrima japonesa no se llama Kenjutsu o técnica de la espada, sino Kendo, es decir, camino de la espada. Camino es la traducción del japonés do. Chado es el camino del té; shodo, el camino de la caligrafia; aikido, el camino de un combate en que nos acoplamos con la fuerza y el ánimo del adversario.

  En el caso de la esgrima japonesa, se le comprendió más como arte que como técnica: un camino para lograr el dominio de sí mismo corporal y espiritualmente. Entendido así, el dominio de la espada ya no es un recurso para vencer el enemigo; se ha convertido en una especie de arte de saber vivir y morir, en vez de ser una técnica para matar o evitar que le maten a uno. El maestro de esgrima debería ser, en ese camino, un dueño del control de sí, para ponerse al servicio de la compasión hacia los demás.

  Este sentido del camino es el de un sendero corpóreo-espiritual hacia la sabiduría. La sabiduría así adquirida no es monopolio de un saber filosófico independiente de lo religioso, ni de una espritualidad desconectada de lo corpóreo. La verdad a la que se llega por esa sabiduría no será nunca el resultado de haberse puesto a pensar cómo es el mundo, sino que consistirá más bien en un modo de estar y de ser en el mundo. Dicho de otro modo, un modo de dejarse ser y dejarse estar a través del cuerpo en la verdad. (15).

 

 

b)        La purificación del cuerpo.

 

        El cuerpo no es intrumento del espíritu

 

  Como se dijo anteriormente, el entrenamiento espiritual del cristianismo tomó un camino “de la razón al cuerpo”. Y su método de purificación no fue excepción. Se trata de vencer los malos deseos mediante la razón y la voluntad, de reconocer el amor propio y el egoísmo mediante la autorreflexión y de conquistarlos con la voluntad. Como medio de apoyo para la purificación, se practican penitencias corporales y el dominio sobre los malos deseos, pero éstos sólo se toman como medios auxiliares; aún así, esto no quiere decir que se haya pensado sobre el cuerpo entero. Es necesario llamar la atención sobre la diferencia que hay entre un medio y un camino.

  Un medio es considerado bueno cuando es efectivo para alcanzar un fin; cuando no, no. El medio no tiene valor en sí mismo. Se decide si es bueno o no, según su relación con el fin. La vida contemporánea se rige por una manera de pensar pragmática y utilitarista; por esto, la relación entre medio y fin juega un papel importante en la vida diaria. Sin embargo, con esa manera de pensar, de ninguna manera se pueden resolver los problemas fundamentales del hombre. La relación entre padre e hijo, entre hermanos, entre amigos, entre maestro y discípulo, no pueden pensarse ni tratarse con un pensar utilitario. Es más, evidentemente no se puede resolver con él los problemas entre religiones. De igual manera, no puede pensarse el cuerpo como un medio que el alma utilice. Incluso Aristóteles, que era griego, no pensó el cuerpo como medio, como algo útil para el alma. Tanto cuerpo como alma eran principios que formaban al hombre entero y estos dos principios que constituyen el todos son tan difíciles de separar, al igual que el alma, es un principio que constituye la esencia del hombre. Además, en el cristianismo no hay desprecio del cuerpo; el pensamiento que considera al cuerpo como medio no es verdaderamente cristiano. Sin embargo, imperceptiblemente, por haberse enfatizado demasiado la superioridad del alma, pudo haber lugar para el error que considera al cuerpo como medio. En especial, con el veneno del pensar utilitario moderno, hasta la religión trató de aprehender la relación entre fin y medio de manera utilitaria.

  Esto sucedió no sólo en Occidente. Incluso en Japón, tranq     uilamente está ocurriendo lo mismo. Su prototipo son las nuevas religiones que utilizan como medios efectivos de predicación las promesas de ganancias mundanas, la curación de enfermedes, etc. Otros ejemplos serán hacer del Zen un medio psicológico de estabilización del espíritu, o bien convertirlo en un medio para la administración de negocios. El Zen nunca es un medio. Cuando se piensa como medio hacia el satori, podemos decir que ya se ha dado el primer paso hacia la degradación del Zen. Como dice el maestro de Zen Dogen: “el solo sentarse a meditar” debe ser “la puerta de entrada”. La puerta no es un medio, es algo que une el exterior y el interior de una casa, y que pertenece a la misma. Por esto no puede decirse que el Zen sea medio, sino que es un camino. Pero este camino es al mismo tiempo una marca en el viaje y es lugar en el que paso a paso se manifiesta la meta. Se puede decir enteramente la misma cosa, tanto de las penitencias corporales y dominio de los malos deseos, como de la mendicación y el trabajo manual, etc., y de otras prácticas religiosas de entrenamiento espiritual. (16).

 

  Deficiencias del entrenamiento espiritual occidental.

 

   De hecho, ni aun en el método cristiano de entrenamiento espiritual que va “de la razón al cuerpo” se ha pensado el cuerpo como medio. Pero como la razón juega un papel director, es fácil considerar al cuerpo como medio, o bien pasar por alto la importancia del cuerpo. Por ejemplo, cuando un creyente cristiano se ve atormentado por los malos deseos o por dudas en su fe, al consultar a su director espiritual, generalmente obtiene una repuestas como ésta:

 

    “Estás en un período de prueba. Con fe profunda debes tener presente

     que Dios no nos abandona en los momentos defíciles; convencido de

esto en el fondo de tu alma, debes soportar la prueba. Si tienes fuerza

de voluntad, no te vencerán ni los malos deseos ni la duda”.

 

  Este consejo no está equivocado y les aprovecha a quienes tienen mucha fuerza de voluntad. Pero los que no la tienen no pueden llevarlo a la práctica. Además, este consejo se olvida de la realidad de las relaciones mutuas que existen entre el cuerpo y corazón, y cae en el espiritualismo.

  En realidad las malas pasiones del hombre fructifican en el fondo de su corazón y no pueden cortarse sus raíces con sólo la razón y la fuerza de voluntad.

  Vamos a ver esto desde tres de sus aspectos.

 

 En primer lugar, nuestro cuerpo no puede libremente controlarse con la sola razón y la fuerza de voluntad. Si ponemos el caso de los deportes, que casi no tienen que ver con los deseos, esto es muy claro. Quienquiera que haya esquiado habrá experimentado la desagradable sensación que se tiene al ver que, aun cuando haya leído en algún libro la manera de realizar una Christiana o un Wedeln, al tratar de hacerlo su cuerpo no se mueve fácilmente por más esfuerzos que haga. Con mayor razón, será pretencioso decir que es posible controlar libremente, con la razón y la voluntad, al cuerpo que está profundamente ligado a los deseos.

 

  En segundo lugar, como lo prueban claramente el inconsciente de Freud y el inconsciente colectivo de Jung, los sentimientos no se pueden controlar mediante la actividad consciente de la razón o la voluntad. El complejo de sentimientos se halla en las capas profundas del corazón y no puede ser encontrado mediante la reflexión ordinaria de la razón. Eliminar los complejos, aun con el psicoanálisis, es cuestión de ir con paciencia por lo menos varios años a una clínica hasta que finalmente puedan ser controlados.

 

  El tercer lugar, está el problema de las malas costumbres. Estas no pueden ser dominadas con la sola razón y la voluntad. Podemos ver un buen ejemplo en Yamaoka Tesshu. Como se sabe, Tesshu fue famoso en el arte de la espada y de la caligrafía, y fue un gran hombre Zen. Cuando tenía cuarenta y cinco años llegó al gran satori después de meditar tres años sobre una expresión del maestro Sozan, contenida en el verso del cuarto rango de los “cinco rangos de Tozan” (17), que decía:

 

     “Al cruzarse la puntas de las espaldas, no hay que retirarse;

      el buen rival es igual que un loto que florece en el fuego, y

      tiene la fortuna de poseer un espíritu que llega hasta el cielo”.

 

Queda una caligrafía con las palabras “dragón y tigre” que escribió inmediatemente después; al compararla con las que había hecho anteriormente, podemos decir que hubo allí un “cambio total”. El maestro Omori Sogen dice que en la caligrafía del “dragón y tigre” puede verse “una energía anímica que quiere atravesar los cielos, una fuerza emotiva que la baña como un tigre salvaje que no se atiene a nada, líneas que se mueven vertiginosamente como un dragón en vuelo... Claramente es una caligrafía que tiene un deje profundo y arcano”. (Sho to Zen) [Caligrafía y Zen], Shunjunsha, pág. 94. Cita del P. Kadowaki). Hasta entonces Tesshu se había encontrado en situaciones de vida o muerte por la confusión de la Restauración de Meiji (1868) y había realizado la hazaña de capturar el castillo de Edo sin derramamiento de sangre. Pero a Tesshu aún le quedaban sus malas tendencias y nos dice que se hallaba afligido por un pensamiento dualista y opositivo. Sólo a los cuarenta y nueve años, en un verano, al contemplar las flores que se abrían en su jardín, logró “cortar la raíz de vida-muerte”. Mientras tanto, durante cuatro años se había entregado al camino del aprendizaje de cuerpo y corazón mediante la espada y el Zen. Si a Tesshu le llevó tantos años, ciertamente que no será extraño que nos suceda lo mismo a nosotros que somos gente ordinaria. De cualquier manera, quitar los complejos anidados durante largo tiempo en el corazón, no es cosa que se logre de la noche a la mañana. (18).

 

  La raíz profunda de las malas tendencias

 

 Para que se comprenda el camino del Zen, quiero tratar un poco más detalladamente el problema de las malas tendencias. Pienso que la profundidad de las raíces de las malas tendencias tiene dos causas. Las malas costumbres no sólo pesan sobre el corazón sino que se filtran por todo el cuerpo. No sólo dicen relación con lo que la psicología denomina inconsciente e inconsciente colectivo, sino que teniendo raíces más profundas se extienden a áreas más amplias. Esto es lo que trato de expresar al decir que se filtran por todo el cuerpo. Con la palabra cuerpo se quiere expresar el hombre entero visto desde su corporalidad. Encierra consciente e inconsciente, e incluye todo aquello que los sobrepasa. El cuerpo encierra, desde luego, las ocho conciencias del budismo (Las ocho conciencias son: 1) vista; 2) oído; 3) olfato: 4) gusto; 5) tacto; 6) intelecto; 7) consciencia del yo (manas); 8) repositorio de las “semillas” de la experiencia (alayavjñana). Citado por Kadowaki K., op.cit., pág. 59, nota 15). y la “maldad original”, pero también todo lo que encierra la influencia del karma y del pecado original, los cuales están más allá de la buena o mala acción individual. Pensadas religiosamente en profundidad, las malas tendencias dicen relación con todo esto, de ahí que claramente sobrepasen la razón y la fuerza de voluntad. Y como están ligadas al cuerpo entero, es claro que nunca se les pondrá fin.

  La segunda causa de la profundidad de las raíces de las malas tendencias es que las malas pasiones no sólo son desviación de la carne y los deseo carnales, sino que también lo son de la razón y de la voluntad. Por ejemplo, el egoísmo se entiende generalmente como el uso de los demás y de todas las cosas, en provecho propio. Pero no es sólo eso. Las operaciones de la razón y la voluntad está orientadas hacia el egoísmo, por eso es muy difícil notarlo incluso con mucha reflexión. Por eso se dice que “el propio excremento no apesta” (Hekigan-roku, 77). Después del kensho es fácil caer en el orgullo llevando a cuestas la obnubilación, de que uno ha llegado al kensho. El hecho de que el budismo ponga la obnubilación como origen de todas las malas pasiones, apunta a esta situación. En la luz de la razón que se piensa más esclarecida hay puntos ciegos y de oscuridad. Esto es obnubilación. Librarse de ella con la sola fuerza de la razón y la voluntad es totalmente imposible; esto es tan evidente como ver el fuego. Cuanto más trata uno de huir del obnubilación por la razón y la voluntad, tanto más se fortalece el egoísmo, porque no se puede huir de uno mismo.

  ¿Qué será bueno hacer? No hay otro camino que elevar el vivir del sí-mismo mediante la gran muerte y llegar a la elevada sabiduría que trasciende la razón y la voluntad. Aquí “gran muerte” no significa un “morir a sí mismo” que se quede sólo como ideal. Es morir enteramente a sí mismo entregando cuerpo y alma, y renacer a una vida totalmente nueva. Entonces se abre una nueva dimensión en un plano más elevado y se puede llegar a una forma de vida de elevada sabiduría y de libre actividad. A esto quizá es a lo que apunta la meditación Zen.

 

  Hacia un cuerpo que es todo ojos.

 

 Mediante el zazen se rectifica el cuerpo y se desarrollan las inmensas energías que se esconden en éste. Se movilizan la postura, la respiración y la fuerza espiritual; se movilizan, además, la gran fe que llega hasta lo más profundo del corazón, la gran duda y el gran corazón decidido; y se apunta a la gran muerte del cuerpo entero. Cuando se llega al fondo de la gran muerte, despierta uno al rostro original de ese sí-mismo y se autopercibe la esencia de ese sí-mismo que tiene la misma raíz que todas las cosas. Esta es la sabiduría del prajña que trasciende la razón y la voluntad. Cuando mediante esta sabiduría se ilumina, se ordena y se unifica todo el cuerpo, por primera vez se logra “liberarse del cuerpo y corazón propio y ajeno”. Sólo así se hace posible la desaparición total de las malas tendencias.

  Sin embargo, las malas tendencias, por las razones antes mencionadas, penetran por todo el cuerpo. Por esto, con una sola experiencia del kensho no pueden quitarse todos los malos hábitos del cuerpo entero, ni tampoco cortar de raíz de la obnubilación. Además, una sola experiencia de kensho, aunque abre los ojos del corazón, todavía tiene luz débil y no se difunde por todo el cuerpo; no alcanza hasta las tinieblas de la obnubilación del centro del corazón. Creo que ha quedado claro, con lo expuesto sobre el cuerpo, que para lograr esa iluminación es muy efectivo el entregarse con todo el cuerpo y todo el corazón al zazen. Por lo que repecta a la liberación de las malas tendencias, también de lo dicho se comprenderá la efectividad del zazen y los koan. Por las tres causas de la profundidad de las raíces de las malas pasiones que se dieron anteriormente, los deseos están estrechamente ligados con el cuerpo; la segunda y tercera causas, esto es, el incosciente y el karma, también están profundamente relacionados con el cuerpo. Por esto, no es necesario explicar más lo efectivo que es el zazen para entender el kensho a todo el cuerpo y que así éste llegue a ser todo ojos. Al mismo tiempo, el artificio del koan desempeña un papel muy importante en lograr que el cuerpo llegue a ser todo ojos. Es decir, esto viene a ser claro cuando entregándose en cuerpo entero, uno se vuelve el tema mismo de la meditación que se le ha asignado.

  Volverse uno su propio tema de meditación es, por ejemplo, en el caso de “la enfermedad del maestro Matsu” (Hekigan-roku, 3), volverse por completo Matsu (19), el que se enfrenta a la muerte. Si no se muere con todo el cuerpo, no se tiene ninguna respuesta.Si uno se vuelve Ma-tsu en peligro de muerte, claramente se llega a la gran muerte; es natural entonces que de allí nazcan una libre actividad y una sabiduría de un nivel más elevado. Esto precisamente significa que el cuerpo poco a poco se vuelva todo ojos. Más en detalle: mediante el zazen se armonizan cuerpo y corazón; cuando se corta todo pensar, cuerpo y corazón se concentran y se unifican; entonces, saliendo del modo de vida estrecho y bajo en que hasta entonces se había vivido, se asciende a un modo de vida más amplio. Se tiene entonces un horizonte más ancho en el que el cielo y tierra están más abiertos y la sabiduría es más elevada. Entonces el koan se resuelve naturalmente y por ello la sabiduría se hace autoperceptiva, profunda e inconmovible. Como dice el principio neoplatónico, cuando más elevada es la potencia, tanto más su fuerza controlante se extiende amplia y profundamente; de la misma manera, esa sabiduría unifica y ordena el cuerpo en todos sus rincones. Entonces, por fin, viene a ser un “cuerpo que es todo ojos”. Del cuerpo entero emana la luz de la sabiduría e ilumina al mundo. Creo que ésta es precisamente la purificación profunda del cuerpo que el Zen persigue. (20).

 

  Nuestro cuerpo es morada del Espíritu Santo.

 

 Por ahora sólo voy a escoger un pasaje y tratar de explicarlo. Es aquél de san Pablo que dice:

       “Vuestro cuerpo es morada del Espíritu Santo”. (1 Cor 6,19)

 

   La palabra cuerpo se utiliza en muchos casos en la Biblia para designar al hombre entero. No se piensa, como lo hacían los griegos, que separaban el alma del cuerpo y respetaban al alma mientras al cuerpo lo despreciaban. Más bien, el cuerpo muestra el respeto al hombre. Estas palabras de san Pablo son un buen ejemplo. Hasta ahora muchos cristianos han interpretado estas palabras en sentido espiritualista. Dios mora en el alma o en el corazón y el cuerpo no pasa a ser su envoltura externa. Pero el cuerpo en la Biblia apunta al hombre entero como cuerpo viviente y, como se dijo al principio, el cuerpo de que habla la fenomenología está muy cercano a esa manera de ver al hombre. La gracia de Dios no sólo se da al corazón sino que se da al cuerpo que es el hombre entero. Y no sólo la gracia de Dios, sino que, según san Pablo, es Dios mismo el que mora allí. El Espíritu Santo es el Espíritu de Dios que santifica todas las cosas y diviniza al hombre. Según san Pablo, este Espíritu Santo está dentro de nosotros y reza e implora a Dios Padre llamándolo “Abba, papá”. Abba en arameo equivale a papá o papaíto. Así que el Espíritu Santo que está dentro de nuestro cuerpo llama a Dios Padre diciéndole “papá”. Decir que nuestro cuerpo es morada del Espíritu Santo tiene una realidad este profundo sentido. Y enconces la oración cristiana no consiste en que el hombre dirija muchas palabras a Dios, sino que es Dios Espíritu Santo quien conversa con Dios Padre y nosotros nos aunamos a él.

  Hay que poner atención a las palabras de san Pablo citadas anteriormente. Afirma que “vuestros cuerpos son morada del Espíritu Santo”, y no ordena que lo sean. Seamos 

o no conscientes de ello, el cuerpo de los cristianos es existencialmente “morada del Espíritu Santo”. San Pablo sólo apunta a esta majestuosa realidad. Pero esta realidad queda enterrada profundamente y es coexistente con la mala raíz del pecado original. Por esto generalmente esta realidad pasa desapercibida y queda abandonada. Es más, debemos decir que son muy pocos los que han aprehendido esta realidad con todo su cuerpo.

  ¿Qué será necesario hacer para despertar a esta realidad? Se necesitan dos cosas. La primera, cortar la raíz enferma del pecado original; la otra, desenterrar algo que está metido profundamente hasta el centro de la tierra. La primera es la purificación y la emancipación. La segunda es la sabiduría del Prajña ( en el cristianismo se llama Sophia, Sapientia). El mejor camino para llegar al sabiduría del Prajña es el zazen. El P. Kadowaki no habla desde su experiencia que despertar a la realidad de que nuestro “cuerpo es morada del Espíritu Santo” es cosa fácil mediante el zazen. Y expone sus razones.

  Cuando por medio de una postura correcta, del acompasamiento de la respiración y la preparación del corazón el cuerpo se purifica, la morada existencial del Espíritu Santo empieza a actuar. Entonces la “morada del Espíritu Santo” despierta de su profundo sueño. La sabiduría empieza a actuar y se da uno cuenta de que es “morada del Espíritu Santo”.

  Ese darse cuenta, ese satori, es una especie de despertar espiritual y no es una función de la reflexión racional. Podemos más bien expresarlo mediante un término que usa el filósofo Nishida Kitaro: es intuición activa. Y lo es porque mediante un hacerse uno con su actividad se intuye, en el centro mismo de ésta, al Espíritu Santo que obra en el cuerpo.

  Quisiera pedirles que se lo imaginen. Un cristiano movido, quiera que no, por un reclamo interno, se enfrasca en el zazen. Después de varios meses de penoso entrenamiento, de pronto despierta a la asombrosa realidad que señalan las palabras de san Pablo: “Vuestro cuerpo es morada del Espíritu Santo”. Enorme será su alegría cuando despierta al hecho de que su oración no viene a ser que él mismo con palabras humanas se dirija a Dios, sino que llegue a saber esto: Dios, que está en mí, habla con sus propias palabras y mi cuerpo, compenetrado, se hace uno con él; ésta es mi oración, es la súplica de mi corazón. (21).

 

 

    

VI.               EFECTOS  FISIOLÓGICOS  Y  PSICOLÓGICOS  DE LA

 

MEDITACIÓN   ZEN.

 

 

   Al observar científicamente, mediante un adecuado instrumental, el organismo humano de la persona entregada a actividades espirituales tales como el yoga, el Zen y, principalmente, la meditación trascendental, se constatan importantes alteraciones fisiológicas directamente relacionadas con la actividad mental del sujeto observado.

 

   La primera constatación hecha, en la persona en estado de oración, fue que todas las funciones del organismo se realizan de un modo óptimo. Todas las causas fisiológicas de los trastornos psicosomáticos y neuróticos quedan neutralizadas, de modo que la salud mejora y se fortalece en todos los sentidos. El relax logra de un modo natural lo que suele lograrse también a base de psicodrogas, con la diferencia de que éstas presentan el inconveniente de acarrear efectos secundarios negativos muy perjudiciales a la salud.

 

   Entre los efectos fisiológicos del estado de relax en que se encuentra la persona entregada a la oración profunda, como en el caso de la meditación trascendental, se observan los siguientes fenómenos:

 

             Reducción de la tasa metabólica a 25-30 por 100.

             Reducción del consumo de oxígeno total en 20 por 100.

             Reducción de la frecuencia respiratoria de 12-14 a 4-6 respiraciones por minuto.

             Aumento cuantitativo de las ondas alfa en el E.E.G. (electroencefalograma).

             Aparición de ondas zeta.

             Reducción de la presión arterial a una medida de 20 por 100 en los pacientes hipersensibles.

             Gran aumento (hasta quintuplicarse) de la resistencia cutánea.

             Modificaciones del Ph y del bicarbonato de sodio en la sangre.

             Reducción en la producción de uropepsina.

             Disminución del flujo cardíaco (flujo de sangre en el corazón) de un 25 por 100.

 

   Entre los efectos psicológicos ligados a la oración profunda y observados por los científicos, se dan sobre todo los siguientes:

 

             Mayor capacidad intelectual y aumento de la energía y de la eficacia en cualquier tipo de actividad.

             Mayor capacidad de reacción psicofísica.

             Mayor calma e eliminación de la tensión mental y física.

             Sensación y sentimiento de mayor seguridad y de prudencia al hablar y actuar.

             Aumento de la capacidad creativa, de la productividad inventiva, del discernimiento, de la intuición y de la concentración (en el estudio y en las clases). O facililitación del aprendizaje y la memoria.

             Pérdida del deseo de alucinógenos o de drogas depresivas, del alcohol, del tabaco, del café..., o total eliminación de estos estupefacientes en las personas viciadas.

             Atenuación de síntomas de algunos condicionamientos corporales, insomnio, hipertensión...

             Retraso de variables relacionadas con el envejecimiento.

             Mejor movilización de los recursos corporales para afrontar circunstancias intensas como accidentes, monotonía sensorial, infortunios, etc.

             Disminución de la respuesta fisiológica a situaciones de estrés agudo y crónico. El estrés crónico afecta a niveles de cortisol, testosterona, THS, GH y LH. Los niveles de estas hormonas responden diferencialmente al estrés agudo y crónico. Se ha encontrado que en meditadores la respuesta hormonal es menor tanto en situaciones de estrés agudo como crónico. (22).

 

   Como se ve, aparte los efectos puramente espirituales debidos en exclusiva a la actuación de la gracia, la oración –y sobre todo la contemplación profunda- traen consigo también impresionantes ventajas puramente humanas a quienes la practican. Es la natural e inevitable componente psicobiológica, constituida del soporte humano de la persona, la que influye de modo extraordinariamente positivo en el organismo. La resultante lógica de tales cambios en la personalidad psicobiológica puede sintentizarse así :

        

             Un notable ensanchamiento del margen de libertad interior en los procesos resolutorios (decisiones y opciones personales).

             Un profundo sentimiento de armonía y equlibrio interior.

             Una mejoría en las condiciones generales de la salud.

             Un crecimiento de la sensación de felicidad y de alegría de vivir.

 

    Se podría decir que la meditación puede ayudar a que la mente y el cuerpo sean más flexibles y, por tanto, se adapten mejor a las nuevas circunstancias tanto internas como externas, y, por tanto, que los cambios biológicos y psicológicos bruscos (respuestas biológicas y psicológicas a situaciones difíciles o muy estresantes) produzcan una “menor impacto” en los meditadores. Llegando incluso a sugerir que la flexibilidad y/o adaptabilidad biológica podría constituir uno de los correlatos biológicos de la expansión de la consciencia y, por tanto, del crecimiento personal.

   Estas aportaciones que podríamos calificar de “psicobiológicas” pueden enriquecer las descripciones orientales de la meditación propuestas hasta ahora sin contraponerse a la perspectiva oriental. Por supuesto, el conocimiento de algunos de los mecanismos de los efectos de la meditación no sustituye a la “experiencia” de la meditación. En ese caso el conocimiento se convertiría en un mero juego intelectual.

   El acercamiento entre experiencia y la experimentación, también permite establecer algunos puentes entre la terminología oriental y occidental. En esta traducción, o búsqueda de equivalencias entre las terminologías oriental y occidental, se podría decir, con respecto a todo lo expuesto relativo a la mayor flexibilidad del sistema nervioso que:

 

         + La capacidad de respuesta del sistema nervioso podría ser equivalente a lo que en Oriente se describe como estar despierto.

           La capacidad de recuperación de la homeostasis podría ser, en cierta medita equivalente a vivir el ahora, no dejarnos arrastrar por la concatenación no controlada de pensamientos y sentimientos.

           La coherencia electroencefalográfica muestra cómo la armonía psicológica se refleja en armonía física interior.

 

   Así la meditación podría definirse como atención vigilante, plena, sostenida y, desde esta perspectiva, el aprendizaje de la misma consistiría en un entrenamiento de la mente en su capacidad de dirigir y focalizar voluntariamente la atención. Este aprendizaje, en el que el entrenamiento de la voluntad forma una parte esencial, permite llegar a controlar el discurso interior mental. Este control permite percibir que el yo no es el pensamiento y este descubrimiento, a la vez que es esencial en los procesos de crecimiento personal, podría ser una de las puertas de entrada a la experiencia de otras formas de consciencia. (23).

 

  A esto puede añadirse que la persona sencillamente se transforma en múltiples aspectos de su personalidad: moral, psicológico y hasta físico y fisiológico. Son resultados que muchos consiguen sólo elaborar penosamente a lo largo de meses u aún años de psicoterapia. Se diría pues, que los resultados más costosos al hombre, en desgaste de energía y no poco sufrimiento, Dios se los concede gratis y multiplicados por diez a sus amigos más íntimos.

 

  Corrigiendo la natural incontinencia de los sentidos, con la actitud pasiva, el Espíritu encuentra más libertad de actuar en el alma, la inteligencia, la mente y el corazón del hombre. De este modo se hacen mucho más claro incluso los conceptos puramente intelectuales que la exagerada interferencia de los sentidos, atiborrados con el recuerdo importuno de toda clase de experiencias, suele anieblar impidiéndoles la apreciación exacta de las cosas. Ni siquiera los mecanismos de elaboración –por lo general tan sobrecargados de tensión con las exigencias profesionales y domésticas- consiguen realizar unas tareas tan finas y delicadas. La purificación interior simplifica también  los procesos mentales. El desasimiento profundo de todos los apegos permite una gran movilidad al Espíritu con la capacidad de penetrar sagazmente todas las cosas.

 

 

A.  Hipometabolismo

 

   Según datos recogidos en Japón, el practicante de Zen, en meditación profunda, reduce el consumo de oxígeno hasta el 20 por 100. Semejante estado de hipometabolismo se da, de ordinario, sólo tras cuatro o cinco horas de sueño natural. En el sueño prolongado y en los estados de hibernación el hipometabolismo suele ir acompañado de una significativa disminución de temperatura en el cuerpo. Curiosamente, no ocurre este fenómeno en los casos de hipometabolismo durante las aludidas prácticas de meditación.

   Y hay todavía otra curiosa diferencia entre las modificaciones fisiológicas producidas  en la meditación o en el sueño. Al paso que durante el sueño la disminución del consumo de oxígeno llega de un modo lento y progresivo, de tal manera que sólo después de cuatro o cinco horas se ha reducido en un 8 por 100, en la meditación tal aminoramiento llega rápidamente, apenas tras cuatro o cinco minutos de oración profunda, y alcanzando cotas del 10 al 20 por 100. La medicina desconoce, por ahora, otro medio capaz de esta proeza.

 

 

B.  Hondas  Alfa

 

     Los análisis electroencefalográficos han detectado unas alteraciones características en la actividad eléctrica del cerebro del hombre en oración, demostrando que monjes budistas, despliegan un ritmo cerebral de ondas alfa mientras, simultáneamente sienten un gran bienestar físico y psíquico. Las ondas alfa tienden a crecer de amplitud a medida que la meditación se prolonga, fenómeno este raro durante el sueño natural. Se desconoce aún el significado psicobiológico de dichas ondas alfa; sólo se sabe que aparecen y se intensifican a medida que la persona se relaja. Otros rasgos del trazado electroencefalográfico obtenidos durante la meditación son diversos también de los registrados durante el sueño natural.

   El ritmo de las ondas alfa lo descubrió en 1924 el médico alemán Hans Berger. En el E.E.G. (electroencefalograma) son una señal indicativa de la no-actividad en el córtex cerebral, y por tanto de actividad en la zona subcortical más profunda. Semejante ritmo aparece cuando la persona se halla en fuerte vigilancia interior (por eso se le llama también “estado hipnagógico”). En conclusión, puede decirse que el estado alfa equivale a un grande acumen de la conciencia interior.

   La imbricación del estado alfa con la oración radica en el hecho de que justo en tal estado de gran penetración de la conciencia interior es donde tiene lugar la oración profunda. Es decir, que se necesita entrar en el estado alfa para llegar a la oración profunda.

   Pero, pero por otra parte, no deben confundirse ambas cosas, estado alfa y oración profunda; ésta, en el caso cristiano, es algo mucho más rico: es fe, amor, gracia, mística del encuentro con Dios vivo.

 

 

C.  Contemplación  y  sueño

 

    Se ha constatado que durante la meditación se registran muy pocas ondas eléctricas características de los movimientos rápidos de los ojos, fenómeno que se observa, en cambio, durante el sueño cuando el individuo sueña.

   Una de las conclusiones deducidas por los investigadores es que la oración profunda no equivale al sueño; éste no puede ser sustituido por aquélla sin perjuicio para la salud. Son actividades psicobiológicas distintas

   La aparente somnolencia de quien ora en estado de contemplación corresponde a lo que en la literatura espiritual se ha denominado “sueño místico”. Efectivamente, la persona sumergida en oración puede asumir una actitud externa semejante a la de quien duerme, aun sin estar en realidad durmiendo. La intensa actividad interior de la contemplación entraña una muy despierta y penetrante conciencia con todas sus cualidades de presencia, atención, discernimiento, voluntad, decisión, etc., sin la participación del cuerpo..., el cual puede estar como entregado a un aparente sueño fisiológico, al paso que la mente dialoga con el Señor en plena conciencia de sí misma y de lo que está haciendo.

 

 

D.  Ácido  láctico

 

   Otro fenómeno de modificación fisiológica en el organismo de quien ora es la disminución del nivel del ácido láctico en la sangre. Dicha sustancia química se produce por el metabolismo de la musculatura estriada. Algunos investigadores de la Escuela de Medicina de Washington encontraron una relación de causa a efecto entre el nivel de la presencia de este elemento químico en el organismo y los estados de ansiedad, que crece en razón directa a la elevación del nivel del ácido láctico. Los investigadores de la Harvard University detectaron, asimismo, un rápido estancamiento en el nivel de ácido láctico cuando las personas observadas entraban en estado de oración: durante todo el tiempo que duraba éste, el ácido se mantenía en un nivel bajo. Ello corresponde exactamente al estado de relajación y de tranquilidad psíquica constatadas como una constante en dichas personas. Se sabe que la disminución del ácido láctico en la sangre es proporcional a la reducción de la actividad del sistema nervioso simpático, la cual está relacionada con los estados emocionales de ataque y de defensa.

 

 

E.  Ritmo  cardíaco  y  presión  arterial

 

Experiencias de laboratorio, científicamente controladas y de las que nos dan

cuenta los especialistas (24), han descubierto que la persona en estado de meditación trascendental presenta un ritmo cardíaco progresivamente más lento.

    Asimismo, disminuye la presión arterial. Estudiosos del sistema cardiovascular aprovecharon ese descubrimiento y empezaron a entrenar en las técnicas del relax a pacientes hipertensos. Los resultados fueron claramente positivos. Y de ahí dedujeron que las prácticas de misticismo, como la meditación trascendental, benefician clínicamente a las personas que sufren de hipertensión arterial.

    Es obvio que las personas dedicadas a la meditación contemplativa, o a otra forma de oración profunda, gozan de esos mismos beneficios para la salud.

 

 

F.       Alteraciones  neurovegetativas

 

Se dan aún otras mutaciones del ritmo de vida, en la persona que ora, demostrativas de que el estado de oración implica siempre un estado de gran distensión psicobiológica, juntamente con una disminución de la actividad del sistema nervioso simpático: el ritmo cardíaco disminuye en unas tres pulsaciones por minuto, la respiración se hace más sosegada. Y se ha constatado que cualquier individuo, sin un previo entrenamiento especial, es capaz de producir los mismos efectos en cuanto se pone debidamente en auténtico estado de oración.

 

 

G.      Alteración  del  estado  de  conciencia

 

A los cambios fisiológicos observados en los estados de relax y de oración contemplativa simpre corresponde una alteración del estado de conciencia. La conciencia psicológica se presenta como “un todo continuo que va desde el relativamente profundo estado de insconsciencia, por un lado, hasta el estado de gran sensibilidad, por otro. Tal ‘continuo’ pasa del estado de coma, por el sueño y la pérdida de los sentidos, al estado de vigilancia y de alerta” (25).