REALIDAD Y FICCIÓN                                                                          LECTURA, COMENTARIO, CREACIÓN Escríbenos

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El Camino. Miguel Delibes                                                                                                                         

    Daniel el Mochuelo intuye a sus once años que su camino está en la aldea, junto a sus amigos, sus gentes y sus pájaros. Pero su padre quiere que vaya a la ciudad a estudiar el Bachillerato. A lo largo de la noche que precede a la partida, Daniel, insomne, con un nudo en la garganta, evocará sus correrías con sus amigos -Roque el Moñigo y Germán el Tiñoso- a través de los campos, descubriendo el cielo y la tierra, y revivirá las andanzas de la gente sencilla de la aldea.

    La simpatía humana con que esa mirada infantil nos introduce en el pueblo, haciéndonos conocer toda una impresionante galería de tipos y la fuerza con que a través de rasgos frecuentemente caricaturescos se nos presentan siempre netos y vivos es uno de los grandes aciertos de esta novela. Feliz evocación de un tiempo cuyo encanto y fascinación advertimos cuando ya se nos ha escapado entre los dedos, El camino es, por su amalgama de nitidez realista, humor sutil, nostalgia contenida e irisación poética no sólo una de las mejores novelas de Miguel Delibes, sino también, como señalara la crítica, "una de las obras maestras de la narrativa contemporánea".

 

 

Diario de un jubilado. Miguel Delibes

 

   Miguel Delibes, sugestionado por la alegre vitalidad de Lorenzo, el cazador y emigrante, manifestó en una entrevista en 1960 que tenía el propósito de que este personaje literario envejeciera con él. Sin embargo el novelista, requerido por otros temas, dejó transcurrir casi cuarenta años de su vida sin volver sobre este entrañable personaje. Y es ahora, en trance de jubilación, cuando vuelve a Lorenzo con el cariño y el humor de siempre. ¿Qué le ha ocurrido a este inefable personaje a lo largo de estos siete lustros? Digamos para empezar que, aquel joven cazador y emigrante, se va acercando a la vejez, aunque continúe siendo el tipo fanfarrón y lenguaraz cuyos desplantes ya nos deleitaron en aquellas novelas. Sin embargo, en Diario de un jubilado aquel ser ingenuo y primitivo, de buen corazón y mala lengua, se ha dejado arrastrar por la sociedad de consumo, y aquí se nos presenta como un adorador más del becerro de oro, alejado de lo que en los dos primeros relatos fue imprescindible para él: la caza y la naturaleza.  

 

    El devenir de Lorenzo, ya en su decadencia, su debilidad por el dinero, el juego y la televisión, junto a la figura de don Tadeo Piera, un viejo y tarado poeta provinciano, al que sirve de acompañante y también de confidente, da ocasión a su creador, M.D., a una crítica, a pequeña escala, del mundo insustancial y materializado de nuestro tiempo.

 

    El humor de Miguel Delibes, su capacidad para la creación de personajes inolvidables, el lenguaje achulado y barriobajero del protagonista, se hacen especialmente atractivos en estas páginas y convierten la peripecia de Lorenzo en una aguda sátira de la sociedad contemporánea.

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Tiempos verbales:

 

intuye: presente de Indicativo

estudiar: forma no personal, infinitivo

descubriendo: forma no personal, gerundio

evocará: futuro imperfecto de Indicativo

ha escapado: pretérito perfecto compuesto de Indicativo

señalara: pretérito imperfecto de subjuntivo

sugestionado: forma no personal, participio

tenía: pretérito imperfecto de de Indicativo

manifestó: pretérito perfecto simple de Indicativo

Digamos: presente de subjuntivo

deleitaron: pretérito perfecto simple de Indicativo

 

 

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