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rEALIDAD Y FICCIÓN LECTURA, COMENTARIO, CREACIÓN |
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La historia y la libertad
Eva Raquel Castaño Morcillo
Determinismo/ Libertad Intencionalidad Peso del presente/ Visión de futuro
Desde los tiempos más remotos el hombre ha trabajado para satisfacer sus necesidades y lograr unas metas concretas. Siendo los objetos y propósitos obtenidos para ello productos de sus intenciones. Éstas han podido ser racionales o irracionales, pero, todas forman parte de sus culturas y creencias. En los tiempos prehistóricos las evoluciones de la cultura y del cerebro de los homínidos se influyeron decisivamente. Poco a poco la selección natural favoreció a los mejor dotados. Sólo con la aparición del Homo Sapiens el ritmo de la evolución cultural empezó a dejar atrás al de la evolución biológica. En esos millones de años el hombre aprendió cosas tan fundamentales como andar sobre dos pies, usar las manos, domesticar el fuego, fabricar utensilios, construir viviendas, desarrollar el lenguaje... y vivir en sociedad. Todo ello tuvo un proceso de desarrollo evolutivo y lucha continúa contra un medio natural muchas veces hostil.
¿Qué diferencia al animal humano de todos los demás?. Pregunta esta compleja cuya respuesta es muy amplia y variada. Puede tener distintos enfoques y valoraciones. Yo voy a intentar responderla centrándome en las capacidades del ser humano:
La tecnológica, es decir, facultad de producir herramientas y la habilidad para usarlas con múltiples propósitos. Nuestra organización cognitiva nos permite transformar y controlar el medio. A la base de tal tarea se halla la máxima potencia psíquica: la inteligencia.
La inteligencia implica la resolución de problemas en función de las presiones del medio. Es creadora y como tal puede hacer cambiar cualquier cosa o situación. Puede llevar al hombre a actuar de forma positiva y constructora transformando lo negativo en positivo. Le lleva a utilizar estrategias indirectas si éstas le son útiles.
La actividad consciente no está forzosamente relacionada con las motivaciones biológicas, sino que obedece a cuestiones cognitivas, comunicativas y culturales. Es el resultado de un proceso psíquico derivado del momento en que a la percepción y a la memoria se le añade “el darse cuenta de”.
La civilización, cultura y socialización aunque se podrían definir individualmente aquí las vamos a englobar siguiendo al antropólogo Tylor como un: “conjunto complejo que abarca los conocimientos, creencias, el arte, el derecho, la moral, las costumbres y los demás hábitos y actitudes que el hombre adquiere en cuanto miembro de la sociedad”.
La educación de la voluntad que Rojas trata como una aptitud psicológica que lleva a hacer algo anticipando consecuencias y cuyos tres componentes esenciales son: el orden, la constancia y la disciplina. Voluntad, es pues, energía, disposición, empeño, tesón, firmeza, tenacidad, insistencia que no se doblega ante las dificultades.
La gratificación postergada o la espera con esperanza llevan al hombre a conseguir sus sueños e ideales haciéndolos realidad; aunque, para ello tenga que subordinar el placer inmediato por el bien personal que se alcanza a medio o largo plazo.
La capacidad de elegir, la libertad, el querer comprometerse con algo o alguien, el rechazar lo que no quiere o considera perjudicial para él... Así, nos enfrentamos con un problema complejo: ¿es el hombre libre o está determinado?
La libertad está unida a los momentos deliberantes del proceso voluntario, es la manera de cómo se ejerce el auténtico querer. Frente a ella está la determinación, es decir, el influjo de una forma de causalidad en lo real, de tal modo que, se siguen efectos invariables y necesarios. Así, lo primero que nos aparece es: ¿somos libres cuando no tenemos trabas -determinaciones- externas que nos impidan realizar lo que nos apetece? Mientras que el animal no puede prácticamente elegir, el hombre si puede hacerlo.
La libertad es difícil, pero no imposible. El más acérrimo defensor del determinismo no puede negar la conciencia de libertad. Es cierto que ésta puede ser una ilusión; que nos creamos libres por no saber qué determinismo actúa en nosotros. Por otra parte, nos sentiríamos tanto más libres cuánto menos conciencia tuviéramos de determinación. Y no sucede así, la libertad auténtica comporta un sentimiento de autodeterminación: somos más libres cuando sabemos por qué obramos de una u otra manera. La idea de responsabilidad que acompaña inseparablemente a nuestra conciencia de libertad fundamenta un orden moral y jurídico.
La libertad, tanto externa como interna, es algo que hay que ir conquistando, un ideal al que tender, más que algo realizado ya de modo pleno. Supone una perfecta posesión de sí mismo, una cabal autorrealización, una personalidad unitaria y armónica.
La libertad de la que deberíamos tener conciencia - en esta sociedad globalizada en la que parece que una persona se mide por lo que tiene y no por lo que es - no es más que un preludio de lo que podría ser. Construyamos un mundo de hombres plenamente racionales, movidos por valores auténticos, que gobiernen y dirijan sus vidas hacía lo que creen mejor. Con una dimensión temporal que indague en lo que permanece inmutable y en lo que cambia. Así se puede construir un verdadero y personal tiempo histórico que, siguiendo a
Bagu, es “el que permite a cada individuo vislumbrar un horizonte temporal donde el presente se vuelve inteligible a través de una comprensión real de su pasado como ser humano y le hace concebir su actividad y las de las demás personas - la sociedad - como un proceso conflictivo y dialéctico con continuidad histórica ”. El pasado no debe verse como algo estático y cerrado, ajeno a nuestro presente, sino que es activo y está integrado en la vida cotidiana ayudándonos a conquistar el porvenir. Y para ello nada mejor que la historia.
La Historia como ciencia del devenir de los hombres en el tiempo, viene del ayer y va hacia el mañana. Si al comenzar cada día y utilizar la energía eléctrica, el agua corriente, mientras oímos o vemos la televisión... no tenemos conciencia de la aportación de los hombres a través del tiempo, de las luchas para llegar a esto; y si no somos conscientes de estar en el camino, de que somos quienes somos por la carga de la historia, si no lo comprendemos, actuaremos a ciegas en lo que ha sido el devenir histórico; que significa nada menos que conocer los cimientos de nuestra vida actual, saber de dónde venimos, quiénes somos y aumentar las probabilidades de saber a dónde vamos. Entendiendo que la historia y sus mensajes nos conciernen a todos.
“Nos sirve para reflexionar sobre nuestros destinos colectivos y para tomar decisiones al participar en ellos. También es útil para no desorbitar el presente de cada día y dejarnos devorar por él, porque nos da una idea del equilibrio en el tiempo, de la justa medida de las cosas; nos hace valorar la larga marcha de la humanidad desde la prehistoria hasta la conflictiva era nuclear. A veces, puede servir, ¿por qué no?, para escaparnos momentáneamente hacia la belleza de la Grecia clásica, hacia la sugestiva sociedad de los señores, campesinos y catedrales de la Edad Media, o hacia el tiempo de las revoluciones románticas. No para evadirnos de nuestras responsabilidades de hombres del siglo XXI, sino para enfrentarnos a él libres de prejuicios, con la lucidez que da saber de dónde venimos, quiénes somos y a dónde queremos ir ” (Tuñón de Lara).
La historia es necesaria; pero, no es “inocente”. Por eso los pueblos a veces se ven obligados a recuperar su memoria colectiva si les ha sido arrebatada. La historia rigurosamente científica, tarea en la que todos podemos y debemos colaborar, es vital para una colectividad que quiera ser libre en sus destinos. Construyamos con nuestro talante y acciones diarias el mejor de los mundos posible.
Eva Raquel Castaño Morcillo Baza-26-02-2004 |