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Revista electrónica
"Cómo hacer cine":

http://www.comohacercine.com/articulo_print.php?id_art=859&id_cat=3
"Los
chicos del coro", de Christophe
Barratier
20/10/2004 - chc
En 1949, Clément Mathieu,
profesor de música en paro,
empieza a trabajar como
vigilante en un internado de
reeducación de menores.
Especialmente represivo, el
sistema de educación del
director Rachin apenas logra
mantener la autoridad sobre los
alumnos difíciles. El mismo
Mathieu siente una íntima
rebeldía ante los métodos de
Rachin y una mezcla de
desconcierto y compasión por los
chicos. En sus esfuerzos por
acercarse a ellos, descubre que
la música atrae poderosamente el
interés de los alumnos y se
entrega a la tarea de
familiarizarlos con la magia del
canto, al tiempo que va
transformando sus vidas para
siempre.
Nota
del productor, por Jacques
Perrin
Sentimos
cariño por las imágenes ligadas
a la infancia, a las primeras
emociones. Más tarde, el
recuerdo de las experiencias
vividas durante este aprendizaje
de vida cobra toda su
importancia. Nada era
insignificante. Alegrías
fugitivas, penas inconsolables,
todo pasa pero nada se borra. Y
si una nota musical, un canto,
un coro, están ligados a esas
evocaciones más lejanas, su
huella seguramente es más honda.
Sin duda, esto es lo que me ha
emocionado más profundamente en
el proyecto de Christophe
Barratier. Un internado severo,
unos niños rebeldes, un coro que
los reúne, la emocionante
representación de una infancia
simbólica.
Inspiración cinematográfica
Después de mi cortometraje, "Les
Tombales", estaba buscando algún
tema para un largometraje. Me di
cuenta de que las notas que
tomaba se referían sobre todo a
mi primera infancia, a las
emociones que experimenté entre
los cuatro y los ocho años. Por
otro lado, debido a mi formación
musical, yo tenía muchas ganas
de contar una historia
relacionada con la música. Así
que esos dos temas, la infancia
y la música, son los que me
llevaron lógicamente a recordar
"La cage aux rossignols" (Jean
Dréville, 1945), una película
que vi a los siete u ocho años,
en 1970-1971, en una de las dos
cadenas de televisión de la
época, y que me emocionó
profundamente. Casi olvidada, la
película ha conservado sin
embargo su encanto y, además, no
ha sido sacralizada como una
'obra maestra del cine francés',
lo que hacía que su adaptación
fuera menos peligrosa. He
mantenido sobre todo dos cosas:
la emoción que despiertan las
voces de los niños y el
personaje del músico fracasado
que a pesar de todo se esfuerza
por cambiar el mundo de los que
le rodean. Esto es lo que más me
gusta del cine, y lo que tienen
en común mis películas
preferidas: ¿cómo puede
contribuir un individuo a
mejorar el mundo? Sé que el cine
no puede cambiar las cosas, pero
puede despertar las ganas de
intentarlo. Me gusta salir de
ver una película con ganas de
identificarme con el personaje
principal. La enseñanza de
Clément Mathieu no se limita a
unas simples lecciones de música
sino que es una lección de vida.
En "Los chicos del coro" hay
tres temas: la primera infancia,
la música y la enseñanza.
1949
Situar la película en esa fecha
no es casual. Después de la
guerra se constituyeron los
famosos centros de reinserción
llamados comunmente
correccionales. En esa misma
época se creó la Protección
Judicial de la Juventud (PJJ),
que confirió a los niños de un
estatuto jurídico distinto del
de los adultos. Eran los
comienzos de una especie de
psiquiatría infantil oficial,
con todos los errores que eso
lleva consigo. Por ejemplo, se
definían perfiles psicológicos
con una preocupación, que se
pretendía loable, de
observación; métodos que evoco
en la película y que ahora nos
parecen lamentables. El final de
los años cuarenta es una época
traumatizada: se acababa de
salir de la guerra y, como en
todos los períodos de crisis,
los padres tenían otras
prioridades que la educación de
los hijos. En ningún momento se
nos ocurrió adaptar la historia
a nuestra época: en primer lugar
habría que abordar el universo
de las ciudades, de la
reinserción, de la integración,
de la delincuencia, y además,
hoy Clément Mathieu sería un
educador con otras prioridades:
no tendría nada en común con un
profesor de música de los años
cincuenta.
Infancia
El tema de la infancia es el más
universal. Proyectarse en el
pasado permite escapar de las
contingencias de la actualidad
para concentrarse en lo más
universal: el sentimiento de
injusticia y de abandono en un
niño cuyos padres están
austentes o han desaparecido, y
la rebelión o la inhibición que
genera. Con independencia del
origen social de los niños que
he elegido para la película,
desde el momento en que se
vistieron con la ropa de la
época ya no fueron nada más que
niños con los mismos miedos, los
mismos deseos y las mismas
penas.
Gérard Jugnot
Desde el primer momento pensé en
Gérard Jugnot para el papel de
Clément Mathieu. También es
coproductor de la película.
Confío plenamente en su juicio:
es un excelente lector. Leyó las
tres versiones del guión y en
cada momento me dio consejos muy
útiles: tiene las ideas muy
claras acerca de los problemas
de guión y sabe anticiparse a la
atención del público en el buen
sentido del término, es decir,
ofreciéndole obras que podría
amar y no sólo las que ya ama.
Su intervención siempre ha sido
muy oportuna. Él me puso en
contacto con Philippe Lopes-Curval,
con el que Jugnot acababa de
escribir "Monsieur Batignole".
Philippe aportó ideas muy
buenas, desarrollando
notablamente la psicología de
los personajes, tanto del
director que interpreta François
Berléand, para el que los niños
son el símbolo de una vida
profesional fracasada, como de
Chabert, interpretado por Kad
Merad.
Los niños
Desde el principio tuve claro
que el papel del solista fuera
para un verdadero cantante.
Sabía que sería muy difícil
encontrarlo, pero tuve una
suerte enorme: en nuestro viaje
por Francia buscando a los
mejores coros para elegir al que
tenía que grabar la banda sonora
original de la película,
descubrimos al joven Jean-Baptiste
Maunier, solista de los Petits
Chanteurs de Saint Marc en Lyón.
Su voz es excepcional y muy
conmovedora, y como sus pruebas
para el papel fueron
concluyentes, ni lo dudé. Para
el resto del coro, yo no quería
a jóvenes actores profesionales
porque me gusta la parte de
juego que hay en los niños y que
se escapa de la sistematización.
Buscamos a los niños en los
mismos lugares de rodaje de
Auvernia. Tras la audición de
más de dos mil niños, pude
distribuir los papeles y
descubrí entre ellos auténticos
actores. Tan sólo los
parisienses Théodule Carré
Cassaigne y Thomas Blumenthal
tenían alguna experiencia como
actores y logré que se
integraran sin problemas con los
chicos de la zona. En cuanto a
Maxence Perrin, el hijo de
Jacques, su papel de Pépinot es
su primera experiencia
interpretativa.
Decorados y elecciones
visuales
Quería conseguir un ambiente que
fuera austero y casi amenazador,
que la emoción prevaleciera
sobre el realismo. En los
documentos de la época se ven a
menudo construcciones con
aspecto familiar y
tranquilizador, pero yo quería
mostrar un edificio
exageradamente grande,
inhóspito, porque esa sensación
podían despertar en un niño para
el que todo es más grande, más
impresionante que la realidad.
La elección de este tipo de
decorados se vio reforzada,
además, visualmente por la
elección de filmar en Scope para
resaltar el aislamiento y la
sensación de aplastamiento de
las pequeñas siluetas infantiles
en medio de este decorado. Hacía
falta prever cierta amplitud de
plano panorámico para poder
filmar el decorado principal, el
aula, en su integridad. Se
pierde un poco de realidad, de
verosimilitud, ya no se está
sólo en una simple aula sino en
un universo poblado de
personajes particulares. Por
otra parte, me gusta mucho un
estilo procedente del lenguaje
musical, el legato, es decir,
ligado, fluido, más que un
estilo fragmentado. De ahí que
haya relativamente pocos planos
pero con travellings,
panorámicas, fundidos
encadenados y fondos a negro.
Además, quería que los enlaces
entre cada escena fueran
elegantes, sobre todo en los
pasajes cantados, que funcionan
con una serie de imágenes que se
suceden según un cierto ritmo
musical. En las mezclas
trabajamos la evolución de las
voces del coro jugando con la
calidad sonora y la calidad
musical. Había que dar al
espectador el sentido del paso
del tiempo gracias a la
evolución musical del coro.
La música
Empezamos a trabajar la música
con Bruno Coulais en septiembre
de 2002, nueve meses antes de
empezar el rodaje. Queríamos
huir de la imagen de niños de
coro asociada con canciones de
navidad y veladas junto al
fuego. Había que fortalecer la
música y no utilizar
prácticamente el repertorio
existente. Se supone que la
música está compuesta por
Clément Mathieu, un buen músico
pero que ciertamente no se
cuenta en la vanguardia de las
corrientes musicales. La música
era muy importante en la
película y había que mostrar los
progresos del coro y componer
una música sencilla y sin
pretensiones jugando más con la
emoción que con la investigación
estilística.
Tengo la sensación de que he
llevado en mí inconscientemente
el guión de "Los chicos del
coro" desde hace mucho tiempo.
He podido exorcizar algunos
episodios de mi infancia y he
podido hablar de la música, que
sigue siendo una de mis grandes
pasiones. Como el personaje de
Clément Mathieu, nunca he
llegado a concretar mi carrera
musical: un día, de la noche a
la mañana, decidí dejarlo, y
sabía que algún día debería
evocarla para saber si ese
abandono fue un acto de valentía
o de cobardía. Creo que se puede
descifrar lo que soy a través de
cada uno de los personajes...
sin excluir al director.
Guitarrista de formación clásica
(École Normal de Musique de
París), en 1991 empezó a
trabajar para Jacques Perrin en
su sociedad Galatée Films y le
ha acompañado como productor
delegado en "Les enfants de
Lumière", "Microcosmos", "Himalaya"
y "Le Peuple Migrateur". En el
año 2001 dirigió su primera
película, un cortometraje con
Lambert Wilson y Carole Weiss
basada en la novela de
Maupassant "Les Tombales",
seleccionada para el Festival de
Clermont-Ferrand.
"Los chicos del coro" (Les
Choristes), coescrita con
Philippe Lopes-Curval, es su
primer largometraje.
Ficha
técnica
Francia, Suiza - 2004
Título original: Les
Choristes
Dirección: Christophe
Barratier
Productor: Jacques Perrin,
Arthur Cohn, Nicolas Mauvernay
Guionista: Christophe
Barratier
Fotografía: Carlo Varini
(AFC), Dominique Gentil (AFC)
Vestuario: Françoise
Guégan
Maquillaje: Sylvie Duval
Peluquería: Silvie Lereay
Montaje: Yves Deschamps
Música: Bruno Coulais
Ficha
artística
Gérard Jugnot (Clément Mathieu),
François Berléand (Rachin), Kad
Merad (Chabert), Jean-Paul
Bonnaire (Maxence), Marie Bunel
(Violette Morhange), Paul
Chariéras (Regente), Carole
Weiss (Condesa), Philippe Du
Janerand (Señor Langlois), Erick
Desmarestz (Doctor Dervaux),
Jean-Baptiste Maunier (Pierre
Morhange), Maxence Perrin (Pépinot),
Grégory Gatignol (Mondain),
Thomas Blumenthal (Corbin),
Cyril Bernicot (Le Querrec),
Simon Fargeot (Boniface),
Théodule Carré-Cassaigne (Leclerc),
Armen Godel (Médico), Monique
Ditisheim (Madre), Fabrice
Dubusset (Carpentier), Marielle
Coubaillon (Señora Rachin),
Violette Barratier (Hija de
Rachin 1), Léna Chalvon (Hija de
Rachin 2), Colette Duplanloup
(Cocinera). Con la participación
de Jacques Perrin y Didier
Flamand. |