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  Realidad y ficción  Revista Lindaraja. Revista de estudios interdisciplinares  ISSN:  1698 - 2169    
   

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Ética y racionalidad

 

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Ética y racionalidad

 

Capacidades potenciales y valores en la tecnologíaElementos para una axionomía de la tecnología

 

J. Francisco Álvarez

UNED. Madrid

          (Álvarez Á., J. F. (2001), "Capacidades potenciales y valores en la tecnología. Elementos para una axionomía de la tecnología" en López Cerezo, J. A. y J. M. Sánchez Ron (comps.) (2001), Ciencia, tecnología, sociedad y cultura en el cambio de siglo, Biblioteca Nueva/O.E.I., Madrid, pp. 231-242)

 Fragmento del artículo:

        "Tenemos gran renuencia para admitir la incertidumbre y la indeterminación en los asuntos humanos. En lugar de admitir los límites de la razón preferimos los rituales de la razón", ( Jon Elster (Solomonic Judgements, pág. 37)

       El estudio del impacto social de las tecnologías, sin dejar de ser un tema importante, se ha ido transformando en los últimos treinta años en otro tipo de estudios de mayor calado y detalle, en análisis que tratan de esclarecer los mecanismos del cambio tecnológico, los condicionantes sociales de la aplicación de las tecnologías y toda una serie de problemas relativos a las decisiones políticas y sociales relacionadas con la investigación básica y las aplicaciones técnicas. Además, han proliferado los estudios sobre los valores implícitos o explícitos en determinadas opciones tecnológicas.

      Para que este nuevo tipo de consideraciones tenga un alcance mayor resulta conveniente analizar la noción de decisión y el concepto de racionalidad de la acción humana, así intentaremos comprender con mayor generalidad lo que previamente parecía restringirse a una simple evaluación del impacto social de las tecnologías. Un primer aspecto a precisar es el marco tecnológico o contexto en el que se produce la decisión y, en particular, el grado de información disponible a la hora de tomar esa decisión. Se señala así a una distinción importante en el espacio mismo en cuyo seno se produce la elección tecnológica.

      Dicho rápidamente, el problema se relaciona con la distinción entre riesgo e incertidumbre. Es muy frecuente que las decisiones relativas a las tecnologías se produzcan en situaciones de incertidumbre de alto nivel o de incertidumbre radical. Habitualmente se ha considerado que la posición defensora de la incertidumbre se correspondía o bien con ciertas formas de irracionalismo o con la adopción de ciertos valores "conservadores" que están contra el proceso mismo de desarrollo de la ciencia y la tecnología. Sin embargo, defenderé que es posible mantener una consciencia clara de la incertidumbre radical y no por ello compartir alguna de aquellas perspectivas, ya fuera la irracionalista o la conservadora.

       El reconocimiento de la importancia de las situaciones de incertidumbre puede ser un buen punto de partida para desarrollar una reflexión que defienda el papel pertinente de la argumentación racional, los valores y su dinámica en todo el proceso que conduce a la adopción de decisiones que están orientadas a intervenir y transformar el medio en el que se desarrolla la acción.

       Hay muchos conceptos que se difunden y que parecen apoyar racionalmente las decisiones y, sin embargo, son simples hipótesis teóricas que no están adecuadamente contrastadas. Por ejemplo, la relación positiva entre diversidad y estabilidad no es más que una de esas hipótesis teóricas que se difunden como dogmas o mitos, pero que están lejos de tener contrastes empíricos adecuados. En casos así la reflexión teórica aparece como un elemento fundamental. No está comprobado sino que es un presupuesto teórico suponer que una mayor diversidad sea beneficiosa para un sistema y que con ello se mejore la estabilidad. Algo parecido ocurre con la hipótesis del rendimiento informativo del mecanismo de mercado y su supuesta capacidad para seleccionar óptimamente la información relevante para el mejor funcionamiento del sistema social.

       Desde el ámbito de la filosofía lo que me parece interesante señalar y reconocer es que, sin duda, nuestra capacidad de proyectar y de predecir está avanzando pero que de la misma forma se incrementa la incidencia de lo que no somos capaces de predecir. El tipo de interrelaciones a veces es sumamente complejo y deberíamos reconocer que, cuando menos, estamos adoptando decisiones en una situación de información incompleta, y, en muchos casos en situaciones de desconocimiento radical, en las cuales no podemos asignar probabilidades a los sucesos futuros porque ni siquiera conocemos cuáles puedan ser. Nuestro sino es el de la racionalidad imperfecta, las pretensiones de optimización y de alcanzar una información completa son casos simples de pensamiento desiderativo, de confundir nuestros deseos con la realidad (Álvarez, 1992).

      Como han señalado algunos economistas, lo conmensurable, intercambiable y apropiable es lo que habitualmente se ha considerado definitorio del espacio de lo económico. Estos criterios conducen de manera inevitable a la búsqueda de alguna unidad de medida que permita establecer unívocamente esa conmensurabilidad. Este mismo proceso teórico hace que para la economía tradicional resulten incomprensibles buena parte de los aspectos de la conducta que quedan fuera del mecanismo de intercambio por antonomasia que, se supone, es el mercado. Muchos aspectos que pueden resultar decisivos y que son propiedad de los objetos y de los procesos de acción humana quedan fuera del espacio de lo económico pero, en general, se ha aceptado tal simplificación como cláusula inevitable para formular un modelo de acción y de ser humano que permita avanzar en la ciencia económica. Sin embargo, en nuestra época las nuevas tecnologías de la información están transformando estos conceptos y la nueva "economía digital" se preocupa cada vez más de las "licencias de uso" que de la transmisión de la propiedad. La "vieja economía" no solamente resulta ciega ante, por ejemplo, la "contabilidad ecológica" sino incluso ante los rasgos diferenciales de la economía digital.

       Teniendo en cuenta que ese mismo modelo de la ciencia económica ha sido el que ha tenido un lugar preponderante en los análisis sobre las decisiones en materia tecnológica, parece conveniente, como procedimiento general, analizar los límites de ese modelo de acción racional para con ese bagaje poder abordar temas más concretos sobre la forma que adopta nuestra valoración de las nuevas tecnologías, para analizar los diversos modelos de cambio técnico y para plantearnos los aspectos prospectivos que ayuden a orientarnos en el mundo de la transformación tecnológica.

       Un problema tradicional en filosofía de la ciencia, que incluso tiene más importancia en filosofía de la tecnología, es el de la distinción y posible conexión entre explicación y predicción. Resulta particularmente pertinente en situaciones en las que hay que adaptarse a un objetivo móvil, como ocurre con todos los estudios relacionados con el futuro. Este es el ámbito teórico que me gusta llamar, con términos utilizados por G. Hawthorn, el análisis de los "mundos plausibles, o mundos alternativos". La distinción tradicional entre explicación y predicción, que prácticamente se reducía a una simple diferencia temporal, reaparece en nuestra reflexión pero tratando de evitar la ingenua simetría utilizando para ello las nociones de "incertidumbre y filtros informativos". Nociones que nos facilitan la comprensión del lugar que ocupa el análisis de los valores que orientan inevitablemente cualquiera de las opciones tecnológicas. Los valores se muestran como piezas clave en nuestro análisis de las relaciones entre las tecnologías y la sociedad porque, cuando se utiliza como criterio básico de la decisión la información disponible, pueden entenderse los valores como filtros informativos que permiten el paso de determinada información e impiden el paso de otros elementos informativos. Por ejemplo, la consideración del individuo como agente y la consiguiente valoración de su ser sujeto agente de la acción, nos conduce a incorporar un tipo de información que valora los derechos del individuo y los ámbitos de su libertad (digamos, positiva), y a considerar que tal información es un elemento decisivo a la hora de analizar su actividad, pues ahora no serán sólo los elementos referidos al bienestar y a la utilidad social los que entren en la consideración global de la acción humana.

       La autonomía y el aspecto agente de una persona, tal como ha mostrado Amartya Sen, tiene el efecto de hacer inaceptable la exclusiva adopción del bienestar como fundamento informativo para el razonamiento moral substantivo. También sirve valorar la autonomía para destacar que el bienestar de una persona debe verse tanto en términos de libertad como de logros efectivos.

 

(Fragmento del artículo)

© J. Francisco Álvarez Álvarez, 2001, "Capacidades potenciales y valores en la tecnología. Elementos para una axionomía de la tecnología" en López Cerezo, J. A. y J. M. Sánchez Ron (comps.) (2001), Ciencia, tecnología, sociedad y cultura en el cambio de siglo, Biblioteca Nueva/O.E.I., Madrid, pp. 231-242).

 

 

Agradecemos al profesor J. Francisco Álvarez el que nos haya permitido amablemente reproducir fragmentos de su artículos

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