REALIDAD Y FICCIÓN                                                                          LECTURA, COMENTARIO, CREACIÓN Escríbenos

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Una inquieta ojeada a las estrellas

 

 

         Le gustaba al Mochuelo sentir sobre sí la quietud serena y reposada del valle, contemplar el conglomerado de prados, divididos en parcelas, y salpicados de caseríos dispersos. Y, de vez en cuando, las manchas oscuras y espesas de los bosques de castaños o la tonalidad clara y mate de las aglomeraciones de eucaliptos. A lo lejos, por todas partes, las montañas que, según la estación y el clima, alteraban su contextura, pasando de una extraña ingravidez vegetal a una solidez densa, mineral y plomiza en los días oscuros.

         Al Mochuelo le agradaba aquello más que nada, quizá, también, porque no conocía otra cosas. Le agradaba constatar el paralizado estupor de los campos y el verdor frenético del valle y las rachas de ruido y velocidad que la civilización enviaba de cuando en cuando, con una exactitud casi cronométrica.

         Muchas tardes, ante la inmovilidad y el silencio de la naturaleza, perdían el sentido del tiempo y la noche se les echaba encima. La bóveda del firmamento iba poblándose de estrellas y Roque, el Moñigo, se sobrecogía bajo una especie de pánico astral. Era en estos casos, de noche y lejos del mundo cuando a Roque, el Moñigo, se le ocurrían ideas inverosímiles, pensamientos que normalmente no le inquietaban.

         […]

         Daniel, el Mochuelo, se quedó pensativo un instante, Empezaba a dominarle también a él un indefinible desasosiego cósmico. La voz surgió de su garganta indecisa y aguda como un lamento.

         […]

         Al regresar, ya de noche, al pueblo, se hacía más notoria y perceptible la vibración vital de aquel valle. Los trenes pitaban en las estaciones diseminadas y sus silbidos rasgaban la atmósfera como cuchilladas. La tierra exhalaba un agradable vaho a humedad y a excremento de vaca. También olía, con más o menos fuerza, la hierba según el estado del cielo o la frecuencia de las lluvias.

 

 

 

 

  1. Localización: autor del texto. Obra a la que pertenece el fragmento. Género de esta obra. Tema de la obra (si lo conoces).
  2. Explica el significado de las siguientes frases:

     

    1. Y, de vez en cuando, las manchas oscuras y espesas de los bosques de castaños o la tonalidad clara y mate de las aglomeraciones de eucaliptos. A lo lejos, por todas partes, las montañas que, según la estación y el clima, alteraban su contextura, pasando de una extraña ingravidez vegetal a una solidez densa, mineral y plomiza en los días oscuros.
    2. Le agradaba constatar el paralizado estupor de los campos y el verdor frenético del valle y las rachas de ruido y velocidad que la civilización enviaba.

     

  3. Explicación del texto: elabora una redacción en la que expliques el contenido del texto. Recuerda que no puedes repetir ni frases enteras ni puedes copiar los diálogos. Tienes que hablar en tercera persona, de la forma más objetiva posible. Mínimo 20 líneas.
  4. Tema del texto (idea o ideas principales).
  5. Tipo de narrador.
  6. Divide el texto en párrafos. Di de cada uno si es narración, descripción o diálogo.
  7. En los párrafos en los que hay descripción di de qué tipo es. Comenta su forma (palabras, tiempos verbales…)
  8. En los párrafos narrativos explica cómo es el ritmo del tiempo y qué tipo de tiempos verbales aparecen especialmente y por qué.
  9. VOLUNTARIA: Escribe las frases donde encuentres figuras literarias. Cómo se llaman. Coméntalas.

 

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