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Web de la profesora Mercedes Laguna

 

2º de Bachillerato

Lengua y Literatura

 

 

 

 

 

 

 

2º de Bachillerato

I.E.S. "P. Jiménez Montoya". Baza

Pío Baroja

El árbol de la ciencia

 

Pío Baroja

El árbol de la ciencia

 

 

Estudio de El árbol de la ciencia. Mercedes Laguna

Libro de Akal de 2º de Bachillerato: páginas sobre Baroja

Influencias que recibe Baroja:

El Naturalismo

http://www.realidadyficcion.org/naturalismo.htm

 

Capítulo IX, 2ª parte: "La verdad universal"

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La sala de disección de España

 

YANN THOLONIAT, investigador francés (Universidad de París III y École Normale Supérieure (É.N.S.) :

 

PÍO BAROJA

El árbol de la ciencia (1911):

La sala de disección de España

 

El árbol de la ciencia (1911) de Pío Baroja siempre tuvo gran éxito como una de las obras que mejor representaba el ámbito español a fines del siglo XIX. Joaquín Casalduero escribe en un artículo titulado " Baroja y Galdós " que es " una de las novelas más conmovedoras y entrañables para los españoles que nacieron hacia 1900”. Mediante el héroe de su novela, Andrés Hurtado, quien atraviesa en su vida varios círculos de la sociedad española, Baroja esboza un retrato muy sutil, y muy humano al mismo tiempo, de esta sociedad de " fin de siglo”. A través de su héroe, Baroja nos transmite estos sentimientos de " desesperanza moral, el desasosiego, la desorientación psicológica de parte de la España de esta época ", dice a continuación Joaquín Casalduero. Con El árbol de la ciencia, Baroja refleja la historia individual sobre la Historia nacional y recíprocamente. Así le parece a Joaquín Casalduero, cuando él piensa: " el problema histórico de España se traslada a un plano existencialista: el dolor de nacer”. ¿Cuáles son entonces los recursos empleados por Baroja para pintar este retrato de una España al borde de la pérdida de su imperio colonial que fu el más grande del mundo? En primer lugar, nos interesaremos por el nivel social, " el problema histórico de España “: estudiaremos los varios grados de la sociedad española, que Baroja presenta bajo una luz " hamletiana “: " hay algo podrido en el estado de [España] ". En segundo y último lugar, desarrollando el nivel humano, psicológico, con la evolución ideológica del héroe, describiremos el sentimiento de " estar enajenado ", este malestar español que radica en la privación, la pérdida, como lo muestran los privados en " des- " de Joaquín Casalduero: " desesperanza ", " desasosiego ", " desorientación " - sentimientos de malestar que dará luz a la " generación del 1898”.

" There is something rotten in the state of Denmark " : parece que Pío Baroja se inspiró de las palabras de Hamlet, aplicándolas a la España de su época. La sociedad ilustrada por El árbol de la ciencia está podrida, todos los núcleos que suelen permitir a una sociedad funcionar están enfermos, y empleando una metáfora que podríamos colocar en boca del héroe médico, diremos que para Baroja la sociedad española sufre de un cáncer, al nivel físico como al nivel espiritual. La familia de Andrés, las varias actualizaciones del amor, la vida política sufre de cierta degradación, que culmina con el capítulo que nos presenta desde el enfoque español la pérdida de Cuba.
La familia del héroe es casi un campo de guerra: la madre no existe, Don Pedro Hurtado, el padre, y Andrés están eternamente en desacuerdo a propósito de asuntos familiares o políticos: " [Don Pedro] casi odiaba a Andrés, porque no se sometía a su voluntad " (I.3). Andrés no puede aguantar a su hermano menor, al principio. Sólo puede comunicar con su hermana Margarita, pero casi sin reciprocidad: ella nunca le dice que él lleva toda la razón. Su oficio de médico, que le procura a Andrés cierta independencia, le permite arreglárselas con estos problemas familiares. Pero no puede evitar la muerte de su hermano menor, Luis, con quién había acabado de trabar amistad: el padre y Margarita no respetan su diagnóstico ni sus órdenes para proteger la salud de su hermano y éste muere de enfermedad. Baroja subraya la oposición entre la muerte del hermano y las esperanzas puestas en la medicina.

Tampoco es el amor algo positivo. Podemos distinguir en la novela dos tipos de amores: antes y después del matrimonio. Antes del matrimonio es el caso de Andrés y de sus compañeros (Julio Aracil, Montaner) en la carrera médica. Un amigo de Andrés se enamora de una mujer que no pertenece a su situación social, mientras que otro, Antoñito Casares, engaña a mujeres bastante pobres para su placer, a quienes abandona porque está en busca de mujeres feas pero ricas que le permitan alcanzar otro plano social (II.2). Huelga decir que este amigo considera cínicamente a las mujeres, y también al género humano.

Las parejas tampoco funcionan en El árbol de la ciencia. Andrés vive cierto tiempo en Alcolea, en casa de una mujer cuyo marido está a menudo ausente. El marido es brutal, inculto, mientras ella admira a Andrés por su ciencia. Acaban Andrés y la mujer por hacer el amor, pero el último día antes de que Andrés se vaya. Otra pareja es la de Andrés y Lulú. Notemos que, a lo largo de la novela, este amor recíproco es bastante evidente, pero que sólo se plasma al fin de la novela. Es el momento más optimista de la novela, a pesar del chismorrear de los vecinos, que no aguantan el modo de vivir de Andrés y Lulú. Pero esta felicidad no dura, y como en las mejores tragedias donde el héroe fracasa cuando todo parecía ganado, Lulú muere dando a luz a un niño muerto, y la ciencia de Andrés queda vana - pero irónicamente no totalmente vana : Andrés la utiliza para suicidarse.

El plano social sufre de los mismos defectos, es decir que las relaciones humanas carecen precisamente de humanidad. En la carrera por ser médico, Andrés encuentra compañeros cínicos que se mofan de los profesores, profesores ridículos, y tiene que asistir en asuntos que le aburren y le dan asco.

Con la evolución ideológica de su héroe, Baroja nos da un retrato ácido de la vida política en las pequeñas ciudades. Los partidos funcionan como clanes, tribus. Baroja nombra a estos clanes con nombres ridículos de animal repugnantes: los Ratones y los Mochuelos (V.5). También subraya esto la animalidad de la relaciones. Si para Aristóteles el hombre es un animal político, parece que para Baroja, el hombre es más un animal que un político, y el político más un animal que un hombre. Desde el enfoque de Andrés, los liberales y los conservadores son los mismos, aunque unos le pidan que entre en una carrera política, Andrés se queda con su forma de apolitismo cínico, " por encima de la lucha”.
Todo esto culmina con la pérdida de Cuba. El retrato del ámbito antes y después de este acontecimiento en España (VI.1) se presenta casi como un documento histórico. Antes, para preparar las mentalidades al enfrentamiento contra los mambises y los EEUU, la prensa se caracteriza por su desinformación avergonzada que abarca nacionalismo y xenofobia. Vinculadas por la prensa, se cantan en las calles canciones y refranes nacionalistas y belicistas (más que patrióticos), que resultan al fin y al cabo en bravuconadas. En la descripción barojiana, toda la sociedad parece padecer de esta histeria. El fracaso se plasma en el aumento del cinismo de los ciudadanos.
Así, Andrés es un hilo que corre entre historia e Historia: se concretiza en él la historia de una España desorientada que resulta huérfana de su imperio y de sus valores tradicionales de superioridad. Pero el éxito de El árbol de la ciencia estriba también en la evolución ideológica del héroe, que compartieron los españoles de su época.

Cierto es que Baroja acertó con la descripción del ámbito español a fines del siglo XIX mediante la desorientación psicológica de Andrés. Desde el principio, Andrés está en busca de un Mentor. El cinismo circundante no le gusta, aunque le fascina. Encuentra en la persona de su tío Iturrioz, también un médico, este líder espiritual que estaba buscando. Entre los dos protagonistas, se tratan de verdaderos diálogos platónicos donde exponen y discuten sus puntos de vista mutuamente. A lo largo de la novela, el tío es una especie de eje sutil: acompaña desde lejos la carrera de Andrés, e interviene de cuando en cuando después de una desaparición de varios capítulos. Interviene siempre en momentos cruciales: ayuda a Andrés en su carrera, se opone en un capítulo muy dramático, que consta de un solo diálogo, a la visión pesimista y ya schopenhaueriana de Andrés, y es él quién pronuncia las últimas palabras de la novela dando una especie de epitafio a Andrés muerto.

Pero Andrés se forma el espíritu con sus lecturas también. Lecturas de filosofías, de filósofos alemanes especialmente: Kant y Schopenhauer. Los racionamientos casi matemáticos sobre la moral de Kant le maravillan. Pero es Schopenhauer quién le impresione más. Para Schopenhauer, el hombre es el juego de la Naturaleza, que le utiliza para reproducirse, engañándolo con la ilusión de ciertos placeres. Es una visión muy pesimista de la humanidad, que resulta para Andrés en su apolitismo, y su suicidio al final.

Así que, detrás la tragedia nacional, hay esta tragedia humana que confiere a la novela su dimensión " conmovedora " y " extrañable ", según las palabras de Joaquín Casalduero. Como lo vimos, Andrés cae víctima de la fatalidad. Baroja nos presenta la vida y la muerte con mucho naturalismo, y con detalles históricos que se parecen a documentos políticos, medicales, etc. Su naturalismo corre pareja con un pesimismo profundo que caracteriza la generación del 1898, como Azorín por ejemplo, que de anarquista se volvió conservador.

Por fin, recordemos que numerosos acontecimientos de la vida de Andrés radican en la vida misma de Pío Baroja (el oficio de médico, el apolitismo). En cuanto al título, es una clave de la novela: después de haber comido la manzana del árbol de la ciencia, Adán y Eva fueron rechazado del paraíso. Lo mismo ocurre a España en 1898, que sacaba provecho de su imperio colonial hasta este momento. Aquí se ve el " dolor de nacer “: España tiene que renacer como una entidad propia después de la pérdida de sus colonias. El fin de El árbol de la ciencia es muy pesimista: el hijo (el futuro, a nivel de la Historia) nace muerto. Pero se verificará en los años 1900 y 1910 este espíritu de regeneración necesaria de España por parte de sus intelectuales. En cuanto a Baroja, exita vinculando trastornos y tragedias individuales como nacionales, lo que convierte El árbol de la ciencia en una larga metáfora de la España a fines del siglo XIX, a la vez " conmovedora " y " desesperada ", en las palabras de Casalduero.


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