De-Lectio. Revista de filosofía, literatura y estética. ISSN: 2445-0316 
 

 

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Mauricio Beuchot 

Universidad Autónoma de México

 

Qué dice Mauricio Beuchot sobre la palabra creadora

Un texto que sirve como presentación del autor para

la Revista De-Lectio

 

 

 

 

María Zambrano y los pitagóricos

María Zambrano supo captar y destacar la idea de armonía en los pitagóricos. Era lo más central de su cosmovisión, y consistía en la proporcionalidad o analogía, esto es, en la mediación o fusión de contrarios. Y así considera a los pitagóricos, porque estuvieron a medio camino entre la religión y la filosofía, entre el mythos y el logos. Por eso Platón tuvo grandes dudas para aceptar la propuesta de éstos, aunque tomó mucho de ellos; pero, sobre todo, los desdeñó Aristóteles, e incluso los condenó, porque él había dado ya a la filosofía la forma de saber propiamente humano, sin referencia a lo divino. Incluso los ve como anteriores al logos, centrados en el número: «Sus dones han sido: música y matemáticas, dos hijas del número, no de la palabra». Recuerda el dicho de la hermandad, uno de sus symbola o símbolos, que ya hemos mencionado: « ¿Qué es lo más sabio? El Número; ¿Qué es lo más bello? La Armonía». Si el ser es logos, la filosofía puede existir; si es número, las cosas quedarían en esquema, descarnadas, descorporeizadas, el mundo sería un tejido de ritmos, de relaciones, y no de substancias. Pero aquí sólo deseo introducir una pequeña precisión. Nuestra filósofa parece olvidar que el número también es logos, pues éste es igualmente cierta medida o proporción. El logos, además de razón, también es proporción. Los logoi son razones y proporciones; de ahí que sean aná-logoi, análogos. Es el reino de la proporción. Y es, sin duda, el predominio de la relación, del esquema; pero de la relación entre substancias. No se excluyen tan radicalmente las substancias o esencias; sólo se supeditan a las relaciones, que son las que rigen y dan el contorno de todo. De hecho, la misma Zambrano acepta que el número también es cierto logos, no está desvinculado de él: «Número es medida, un género de razón. Heráclito entendió por ella toda la razón, sintió así el logos»[1]. Y añade que también la música es medida y, por tanto, cierto logos: «Descubiertos los intervalos musicales y la ley de la intensidad del sonido en proporción con la longitud de la cuerda, apareció un logos, una razón». Se trata, empero, de una razón que es proporción, medida proporcional, aproximada y conjetural.

Nos recuerda Zambrano que los pitagóricos descubrieron y adoraron las matemáticas, artes del número, y la música, arte del tiempo. Sobre ello comenta: «Espacio y tiempo son categorías últimas del universo mirado por el hombre. Y aun se podría añadir que se han dividido la atención de los mortales, divididos y aun escindidos, a su vez, en dos categorías: los fascinados por el espacio y los atraídos por el tiempo. No es de extrañar, por tanto, que, al imaginar dioses o al pensar lo divino, se haya hecho guiado por el espacio o atraído por el tiempo...». Sin duda que el dios de los pitagóricos, en caso de que hubieran llegado a él, sería el tiempo o, por lo menos, un dios temporal. El tiempo llama a la memoria, a la reminiscencia, y es un saber del alma. De ahí el cuidado en la purificación, por las serie casi inacabable de las reencarnaciones, Cronos era el tiempo que devoraba a sus hijos, que todo lo devora. Cronos era padre del silencio y de la música, racionalizada por el número; Cronos era, pues, padre de los números y de la música. Pero Cronos fue vencido por Orfeo, y tal vez por eso Pitágoras repetía las hazañas de este último. Orfeo había vencido a Cronos con el encanto mágico del número sagrado. Comenta Zambrano: «Y el canto y la lira —armonía que es razón, pero también y siempre evocación— otra acción mágica, atraedora de almas, de recuerdos. La música es la diosa que sirve a la memoria. Es coherente también en este punto la leyenda de Pitágoras que le atribuye una prodigiosa, sobrehumana, memoria. La música nació para vencer el tiempo y la muerte, su seguidora». De hecho, la música era usada para las purificaciones del alma, y así el alma era preservada de malas reencarnaciones. El alma era inmortal, y esa inmortalidad del alma era al menos parcial, formaba parte del eterno retorno, del cual hemos visto que los pitagóricos fueron los inventores, antes que los estoicos (y de estos últimos parece haberlo tomado Nietzsche, porque en él era un eterno retorno de lo mismo, mientras que en los pitagóricos era un eterno retorno de lo análogo, de lo proporcionalmente semejante, lo cual me parece mejor).

María Zambrano habla de su orfismo y pitagorismo así: «La senda que yo he seguido, que no sin verdad puede ser llamada órfico-pitagórica, no debe ser en modo alguno, atribuida a Ortega»[2]. De esa manera —señala— encontró la razón poética, que es la que podía salvar a la filosofía de las trampas que le había puesto la misma razón. También le hizo ver que la metafísica entronca con la mística. Además, Zambrano veía su condición órfico-pitagórica ante todo como un descender a los infiernos. Pero, ¿cuáles son estos infiernos? ¿Cuál es el infierno fundamental? Parece que el del tiempo; y, por tanto, el del pensamiento de la muerte. Nos dice: «Lo que se revela y se hace accesible por la música son los infiernos del tiempo de la naturaleza, del alma entre la vida y la muerte, que hubo de atravesar para saberse a sí misma y ponerse a salvo. El simple sentir el tiempo es ya infernal. El número lo reduce, lo racionaliza. Cuando estamos presos del sentir del tiempo, contar es una actividad aplacatoria, una especie de rito. El horror del tiempo se aplaca primeramente por la monotonía».

 

Beuchot, Mauricio.

"Los pitagóricos y la analogía. La visión de María Zambrano".

En: Contrastes, n. IX, 2004, p.27-40.

Continuación del artículo


[1] M. Zambrano. El hombre y lo divino, cap. «La condenación aristotélica de los pitagóricos», México: FCE. 1973 (V. ed.), pp. 78-124.

 

[2] M. Zambrano, De la aurora. Madrid: Turner, 1986, p. 123. (Citado por J. E Ortega Muñoz, loc. cit., p. 201.).

 

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Fotografía:

http://www.fundacionmariazambrano.org/

 
 
 

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